Wednesday, April 20, 2011

Pesadilla en la calle de la superación personal

No sé en qué momento me dejé convencer, pero ahí estaba yo, en medio de una multitud de personas que compartían el ardiente deseo de encontrarse a sí mismas en las siguientes 48 horas.

Nuestro moderador, experto en terapia gestalt y un verdadero hijodelagranputaquelovionacer, nos saludó y nos dio la bienvenida al taller vivencial “El Nuevo Horizonte”, tan profundo y efectivo que equivalía a meter 2 años de psicoanálisis en un intenso pero fructífero fin de semana.

Nada más para empezar, nos hizo contestar una hojita con varias preguntas de opción múltiple, bastante sencillas. Tenía algunas como “¿Qué tanto le importa lo que digan los demás de usted?

A.Muchísimo
B. Mucho
C. Algo
D. Poco
E. Me vale madres”.

Por supuesto que muchísimo. Ni que fuera una de palo. Como si no fuera yo piscis. Claro que muchísimo, respondía yo, confiando en que mi honestidad y total transparencia me llevarían muy pronto a cruzar la línea del ansiado horizonte hacia la autoestima total.

Entregamos diligentemente nuestras hojitas y para mi sorpresa, el moderador preguntó:

“¿Quién demonios es Martha Soler?”.

(Pausa para efectos dramáticos).

¡Demonios, dijo demonios! Quizá hubiera pensado que me quería felicitar por mis respuestas, tan acertadas como introspectivas, si no hubiera sido por el “demonios”. ¿Por qué demonios dijo demonios? ¿Qué demonios estaba mal con mis respuestas? Si se trataba de subir mi autoestima, esto no estaba funcionando.

Timidamente, contesté “¿Pooooorrrr?”.

“Qué barbaridad”, replicó él. En mis 35 años dando este taller nunca me había encontrado con un caso tan patético como el tuyo.

Miré a mi alrededor. Junto a mi se mecía repetitivamente una mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal. También estaba un hombre tratando de hacer que su amigo imaginario guardara silencio, un piloto de avión que estaba a unos instantes de copular apasionadamente con su mujer, una jovencita que se arrancaba metódicamente las pocas pestañas que le quedaban, un emo que se cortaba con una navaja suiza y una señora que directamente se sacaba los mocos enfrente de todos.

Me animé a defenderme. “¿No será que mis compañeros no contestaron el cuestionario con entera claridad mental? Digo, porque mucho más normales que yo no se ven”.

Mi terapeuta y yo empezamos con el pie izquierdo, hundido en una enorme pila de estiércol…sin zapato. Y ya ni hablar de mis compañeros, que injustamente se sintieron ofendidos cuando sin afán de herir suceptibilidades puntualicé algo que resultaba obvio:
Everybody had flown over the cuckoo´s nest.

Inmediatamente empezaron las actividades. Primero, nos entregamos a la tarea de golpear fuertemente una almohada mientras proferíamos maldiciones contra todos aquellos que nos habían hecho daño en el pasado. Yo, que soy bastante tranquila, encontré algo difícil la labor de dejarme llevar por la violencia y no pude sacarle ni una pluma al cojín, como los demás (sobre todo el emo, que usó su navaja suiza).
El moderador no perdió oportunidad de hacer notar que así no iba yo a lograr la liberación del rencor correspondiente.

“Vamos, con fuerza. Pégale, saca el coraje, esas parecen caricias pusilánimes, más que golpes”.

Otra vez, tímidamente, comenté:

“¿Pero y la almohada qué culpa tiene? Mire nada más el reguero de plumas que ya se hizo. Y by the way, la Sra. González se está comiendo la funda”.

Otro evento interesante fue el siguiente:

Se trataba de mostrar nuestra resistencia, siguiendo al pie de la letra todas las órdenes que nos diera el moderador (hijodelagranputaquelovionacer). Obviamente, nerd como siempre he sido, quise demostrar lo aplicada que puedo ponerme en la realización de una tarea grupal. Las instrucciones giraban en torno a arrastrarse por el piso, salir y correr 10 vueltas alrededor de la cuadra, brincar por la ventana, pintarte la cara con un plumón indeleble, etc.

Poco a poco, mis compañeritos fueron abortando la misión, menos por supuesto, yours truly. Orgullosísima seguía las instrucciones cuál borrego incansable, segura de ganar ese reto.

Ya agotado, el cabrón del moderador me vio con una mezcla de desagrado y lástima y me dijo:

“Siéntate, Soler. Una vez más, patética sin límites. Este ejercicio se trata de hacernos ver que seguir órdenes sin cuestionar a la autoridad es totalmente imbécil”.

Coño. Era un ejercicio capcioso. Mi voluntad y resistencia no solo no fue agradecida, sino que volvió a dar ocasión para mi humillación y flagelo público.

Para no hacerles el cuento demasiado largo, pasamos por gran cantidad de técnicas, desde las afirmaciónes, el cambio del debo al quiero, el abrazo grupal, la meditación y los cantos, el ejercicio de mirarnos al espejo, la visualización creativa y la adopción del nuevo mantra : Me siento mejor, mejor, y cada vez MEJOR (gritado in crescendo, muy importante).

Llegó un momento en el que el único horizonte que yo quería ver era el fin del fin de semana. ¿Pero saben por qué me di cuenta de que este intenso taller viviencial funcionó?

Porque al final de las 48 horas dejó de importarme lo que pensara
la mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal, el hombre con todo y su amigo imaginario, el piloto de avión que que nunca abandonó el intento de copular apasionadamente con su mujer, su mujer, la jovencita a la que ya habíamos apodado la ”sin pestañas”, el emo ensangrentado, la señora de los mocos, pero sobre todo, sobre todo, dejó de importarme la opinión del HIJODELAGRANPUTAQUELOVIONACER.
Realmente, creo que es un genio.

No se pierdan la continuación de este melodrama (sí, esta historia tiene secuelas) la próxima semana. Se llamará “¿Cómo hacer aterrizar al piloto o corre por tu vida”.


--- por Martha Soler @cholechita @estrogeno3

Thursday, April 14, 2011

Mi amor

El blog de Estrógeno3 nació "compartiendo". En el ánimo de una charla entre amigas mientras bebíamos, comíamos, abríamos nuestros corazones y ventilábamos experiencias y sentimientos, surgió la idea de crear un espacio donde pudiéramos hacer lo mismo entre nosotras y otras personas. ¿La razón? Porque creemos que al compartir nuestras experiencias automáticamente estamos abriendo nuestros corazones a los demás, mostrándonos tal como somos: vulnerables y sensibles ante la cotidianidad y la desconcertante falta de control sobre nuestras vidas. Pero es en el compartir donde estiramos los brazos hasta alcanzar las manos de otros, para tocarnos y entrelazar el yo con el todos. Es ahí donde la calidez y la generosidad se encuentran para transformarnos por dentro y por fuera.
Estos últimos meses nuestro sueño ha comenzado a ver frutos pues hemos recibido de nuestros mismos lectores (ahora amigos) y de nuestros amigos (ahora lectores) varias contribuciones para este espacio. Este no es el primero de ellos pero sí uno de los más conmovedores por lo que agradecemos a su autora el que nos comparta a todos este escrito. Por solicitud de la misma se ha posteado de manera anónima, lo cuál no lo hace menos hermoso. Esperamos les guste.

Noviembre, 2003

Cuento infantil.

Mi amor, así tal cual, amor mío. Te me metiste al cuerpo al alba en la calle de Alba y te fuiste a medio día en Carracci, irónico, es el nombre de un pintor que no me gusta.

Y te cuento como si fuera un cuento para dormir, de esos que jamás leo porque aquí entre tú y yo, no soy una mamá ejemplar como dirían otras, las que sí lo son.

Sentí que te me escapabas desde el primer día, ¿qué le va hacer uno cuándo alguien no se quiere quedar? Nada, te lo digo yo, no se puede obligar ni mandar en cabeza ajena. Pero de verdad ya era muy feliz, convencida de continuar mi vida como era y hasta me enamoré de tu foto en blanco y negro, de tu figurita, tus manitas, la locomotora que oí en tu corazón. Y te imaginaba…

Es de noche y vacía está la casa que dejaré en dos semanas, por qué a un Lirio me voy, y te sigo contando para que te enteres como soy y que hago, o para que te des una brevísima idea: bajita, tenía el pelo muy largo y rizado, ya ves, una locura se me ocurrió y me lo corté hace tiempo, ahora es rojo, mañana no sé, pero en realidad es blanco. Tengo los pies grandes y las manos delgadas, “de pianista” dice mi padre, una nariz rarísima y la boca gordita, quienes me conocen muchas veces mencionan mis grandes ojos, pero yo no me la creo. Desde antes de acabar la Universidad y por necia, trabajo en un museo que es muy chiquito y está lleno de tesoros, tiene miles de pinturas y esculturas y grabados, y son del otro continente, tiene el nombre de un santo y está en uno de los lugares más peligrosos y tristes de tu ciudad. Pero ahora me quieren llevar a otro, más grande, y me cuentan que es más lindo. Viajo mucho, viajo muchísimo, tengo que parar un día, voy y vengo: de Londres a Argentina, de Monclova a Cleveland, de Madrid a Cuernavaca y así. Me río mucho, a lo estúpido y de todo, cuando estoy contenta, cuando estoy nerviosa, cuando quiero llorar, mejor me río, y a carcajadas hasta que duela la tripa. Si que soy enojona, y detestable y sapos y culebras me saltan de de la boca cuando en esas ando, suerte hubiera sido para ti ya que eso no suele ser muy a menudo. Tengo cosquillas por todo el cuerpo, como mal, y odio hacer ejercicio. Amo y me hace feliz leer y escribir, tomar fotos, oler la humedad, escuchar una y otra vez a Beethoven y Debussy y claro a “The Cure” y U2, estar en casa, bañarme, mirar a la gente, chismear, odio hablar por teléfono más de cinco minutos, me rebasa eso de ir al “super “y me vuelven loca los chocolates y la leche. Soy dormilona, soy friolenta y no puedo dejar de querer nunca.

¿Para qué coños te escribo estas cosas? Tú conoces partes de mí que yo, ni idea, sabes cómo soy por adentro, dicen que no somos rositas o rojos, que eso es por la sangre, dicen que somos amarillos como carne de pollos crudos, ¿es cierto? , no me vas a poder responder por que te fuiste, te me deshiciste como carne molida, como manchones de un linaje inexistente y sangre, a ramalazos, golpe sobre golpe en un mismo sitio, como soledad. ¡Ni un “adiós”!, uno se despide siempre, no te puedes levantar y largarte de la mesa así nomás, ¿no sabes que es de pésima educación?

Y si que me cabrea este asunto, porque la gente en los pueblos, las viejas, las mujeres sabias de la Hacienda, ellas hablan de que los niños escogen a sus mamás allá -donde dicen que está el cielo y el llamado dios-. Si es así, pues creo que no te gusté lo suficiente como para qué hicieras un esfuercito de tu parte y te agarraras bien fuerte a mi cuerpo, te desbarataste, y de paso a mí. Me rompiste el útero, la vagina, los pechos, el corazón y la cabeza. No, no llores, no te odio, sólo es que estoy muy enojada, pero ya se me pasa cariño.

Dios no les da alas a los alacranes, y hay otro dicho que reza que; a las mamás solo les dan dos manos, una para cada chamaco que llegue a su vida. (No sé cómo le hizo tu bisabuela con nueve, pero ya ni está para preguntarle), pero yo creo que a mí ese señor que pintan barbón me vio con ojos de; “mira ni le hagas que ni novecientas te van a alcanzar porque eres un desmadre en esto de la maternidad.”

Y sigo haciéndote este cuento infantil tantito más; no supe si eras un niño o una niña, pero que nombre tan bonito hubieras tenido: Rodrigo, Enrique, María, Ana. No miré como eras, ni de qué color tenías los ojos, las probabilidades eran muy altas de que fueran azules o verdes, o sea hubieras “bisabueleado”. Tu hermano te habría caído rete bien, y seguro te cuidaría y abrazaría y pelearía contigo, es que no sabes, pero así se le hace en las familias aunque estén rotas.

El chiste de todo esto es que solo te quería preguntar: ¿por qué no te quisiste quedar? No te voy a escribir palabras que te cuenten de lo hermoso que es este mundo y la vida, porque estás muerto, y a los muertos no se les platican cosas que les den envidia. Además, no me puedes responder, y así como en mil cosas, me voy a quedar con la absurda duda todos los años que me resten. Y hoy amor mío, ya muero de sueño, pero no te quiero decir adiós, o no puedo, ya será en otra noche fría o más templada que me siente a pensarte y amarte como hoy.

Tu mamá.


----- (Anónimo).

Monday, March 21, 2011

¿SEXO DÉBIL? O cómo reconocer que ellas tienen más ovarios que nosotros huevos.

En Estrógeno 3 hemos dicho muchas veces que somos fans de la testosterona y celebramos tanto nuestras coincidencias como nuestras diferencias. Hemos tenido la suerte de encontrarnos en el camino con representantes masculinos que son tan amantes de las mujeres como nosotros lo somos de los hombres. Uno de ellos es nuestro querido, querido amigo Homero Velásquez, fiel seguidor de nuestro blog, porrista sin sueldo e incansable fan de las mujeres. A pesar de la amistad que nos une, no conocíamos su historia, el increíble ejemplo que le dio su madre y las razones por las cuales él sostiene que estamos muy lejos de ser “el sexo débil”.

Agradecemos mucho su generosidad para contarnos esa historia y la belleza de las palabras que nos dedica.

Homero, eres una refrescante dosis de testosterona en medio de tanto estrógeno.


¿SEXO DÉBIL? O cómo reconocer que ellas tienen más ovarios que nosotros huevos.

La molestia y rechazo de muchos a la reciente “celebración” del Día Internacional de la Mujer se hizo más que evidente entre hombres y mujeres por igual, sobre todo, en las redes sociales.

El argumento es en sí mismo una paradoja poderosa: Al tratar de darle un lugar preponderante, un espacio particular como pretexto deferente, una importancia singular, una atención especial a la Mujer… se confirma por antonomasia, de manera simultánea, que la equidad de género sigue siendo una falacia, todavía distante de conquistar en las mentes de una sociedad que, aún con características matriarcales, se niega a dejar atrás la cultura machista con la que crecieron nuestros padres y con la que nos educaron a la generación hoy parricida, al menos en intento, de los estorbosos legados que aún marcan la separación de géneros.

Por fortuna, generación tras generación, se han ido erradicando los oscuros velos que mantenían a la mujer en el falso perfil de inutilidad, como una invisible y anacrónica “burka”. No obstante, los países occidentales hacen que se noten cada vez menos estas manifestaciones de inseguridad machista. Pocos son los que saben o incluso recuerdan que también hay un Día Internacional del Hombre. Y eso mismo nos confirma que nadie cree necesitarlo, a diferencia del Día de las Maravillosas Féminas del que todos hacemos alharaca.

Tendríamos que empezar por hacer de los 365 días del año los Días de nuestras mujeres. Cuando logremos -de forma normal y cotidiana- respetar y venerar a nuestras hijas, hermanas, esposas, madres… primas, amigas, amantes, concubinas, compañeras de trabajo, vecinas, conocidas y extrañas que se cruzan en la calle y en nuestras vidas, habremos conquistado una frontera que, tristemente, todavía está hoy llena de filosas púas.

Yo creo estar haciendo mi parte. ¿Cómo no adorarlas? Si ellas son la fuente de la vida. Ellas son el corazón del placer. Son nuestro motor para crecer… nuestra razón para enloquecer de amor y de pasión.

Yo crecí en un hogar donde una mujer, solita, nos sacó adelante a 4 hijos. Donde una mujer, sin ayuda, nos enseñó a proteger a nuestra única hermana... nos mostró con su rudeza que para decir "te amo" no teníamos que abrir la boca. Ella era una sencilla Maestra de Primaria, egresada de la Normal Superior. Y tenía un modestísimo sueldo, por usar un amable eufemismo. Ella hacía magia para estirar los raquíticos recursos. La hacía de madre, padre, amiga... guía, consejera y, muchas veces, de confidente.

Una noche, ya en la madrugada, recuerdo caminar semi dormido rumbo al baño, cuando un sollozo me hizo verla entre las sombras… sentada en una silla, con la cabeza entre sus rodillas y sus manos cubriendo el rostro. Yo era un chiquillo de 7 años. Y con la estupidez que usualmente acompaña la inocencia infantil, le creí entonces con absoluta convicción, que la razón de su llanto era un machucón en el dedo. No pasé mucho tiempo en descubrir que ella, simplemente, ya no podía más. Trabajar doble turno para apenas alcanzar a salir con los gastos, se había vuelto incluso insuficiente. Seguía agregar al matutino y vespertino, las clases en una escuela nocturna.

A partir de ese evento, Raquel Pineda se cuidó conscientemente de no volver a llorar frente a mi o a mis hermanos, ni siquiera en horas inhábiles. Estoica, firme y determinada, siguió adelante multiplicándose como lavandera, educadora, costurera, cocinera, asesora cultural y guía de vida.

El asunto es que mi madre no es sino sólo un ejemplo particular de los millones de mujeres que se han aventado la misma faena heróica, en otro tanto de millones de hogares en México y latinoamérica.

Por eso es que las Mujeres son las heroínas de este cuento.

Por eso… la pregunta es ¿cómo no admirarlas? Si por donde se les vea son una chulada.

Cómo no respetar a quien me ha dado lo mejor de mi vida: mis hijos.

¿Sexo débil? Qué risa me genera ese calificativo tan elementalmente ciego. Ellas tienen más ovarios que muchos de los que presumen tener huevos.

Para rendirles tributo, he aquí un homenaje público que, por escrito, pretende dejar huella permanente en honor a todas las MUJERES a quienes deberíamos venerar todos los días. Y no se trata sólo de compartir este intento de poema, sino de darnos cuenta que ellas mismas son el poema perfecto.


Débil Sexo

Autor © Homero Velázquez Pineda

Extraído del Libro de Poemas “Estados de Ánima”.


¿Valientes?

Valientes ellas...

¿Quién fue el idiota

que las bautizó de

“El Sexo Débil”..?


El futuro es a ellas

como el presente a nosotros.

Las enloquece el mañana...

nos enamora el hoy.

Ven el resultado en su mente...

fantasía de convertirlo en hoy.


La evolución las conquista...

a todo le buscan reparación.

Aterrados del cambio,

la tranquilidad de lo estable

apacibles preferimos.


Convencidas de sus sueños,

no aceptan realidad alguna...

y en valiente desafío a Dios,

rebeldes cuestionan su creación.



Todas afirman

que somos todos iguales,

ello es clara muestra

de nuestra falta de premeditación.


Una interminable lista

es su firme prueba

de que con nosotros...

Dios les falló.


Rebeldes admirables...

inconformes perpetuas.


¡Me encantan esos zapatos!

Pero con la hebilla de éstos...

y en el color de aquéllos.

ya luego los pinto.


Qué afán tan decidido

de querer modificarlo todo.


La Mona está bien.

pero la siento muy Lisa...

preferiría otra sonrisa.

Qué va a saber Leonardo...

si el pobre insulso

solamente era hombre.


Les cautiva su sueño...

y precisamente a su gusto.

Mejor un bloque de marmol

que la escultura ya hecha...

cincelarán luego a su antojo.


“A él... lo acepto tal cual es.

Al fin luego hago que cambie.”

“Así como está me la llevo...

sólo cámbiele el tapiz.”


“Me urge agrandarme los senos.”

“Yo me los quiero achicar.”

“Me veo mejor de morena.”

“De rubia me voy a pintar.”

“Tengo que subir de peso.”

“Ya sé cómo enflacar.”


Las más severas jueces...

de sí mismas exigentes críticas.

Si ni ellas llenan sus requisitos... ¡olvídenlo!

nosotros jamás podremos.


Su mayor conflicto:

todo lo que no pueden cambiar.

Envidiable fuerza con que se enfrentan a ello.


¿Quién de nosotros podría,

por dar sólo un ejemplo,

con todos los pagos mensuales

que Dios les cobra con sangre?


¿Quién es el macho

que se dice el fuerte...

y aguanta el dolor de un parto?


Inimaginable dolor

por desconocido.

Envidiable experiencia

de generar en su interior la vida.


¿Valientes?

Valientes ellas...

¿Fuertes?

Fuertes ellas...


¿Quién habrá sido el idiota

que las quiso etiquetar de Sexo Débil?


Ya quisiéramos todos

los del Sexo Fuerte,

tan sólo por un día,

la mitad de la fuerza

de su débil sexo.


© Homero Velázquez Pineda.

Monday, March 14, 2011

"Inception o ¿Quién coño me sembró esa idea?"

La historia les puede resultar familiar. Te levantas una mañana de particular buen humor. Te ves al espejo y piensas :

“Ahhhh, pero qué chula de bonita amanecí”.

Sales de tu casa con tu familia rumbo al club España, para pasar un sábado feliz intentando jugar algo parecido al tennis y conviviendo con tu hermana y tus amigas. Y es entonces cuando sucede. Llega una perfecta desconocida y le dice a tu mamá, justo enfrente de tus narices:

“¡Ahhhhyyyyyyyy pero qué barbaridad! ¿Esta es la famosa Chiqui? Bueno, pero qué barbaridaaaaaaaad. Miss Universo. Es la próxima Miss Universo”.

De pronto, se da cuenta de que estoy ahí y me ve con una pena que daba pena.

“Bueno, mijita, tu también estás mona (¿MONA? SERIOUSLY?)…..pero Chiqui……¡Qué barbaridaaaaaaaaaaaaad”.

En efecto. ¡Qué barbaridad!

Juro que hasta la fecha no sé quién es esa señora ni de dónde salió, pero aunque nunca la volví a ver, este personaje no se ha borrado jamás de mi memoria. Quizá tuvo que ver con el hecho de que me agarró de 11 años y sin el escudo de la terapia y los libros de auto-ayuda y superación, pero ella fue la que me SEMBRÓ LA IDEA de que yo no era guapa y de que había una diferencia abismal entre mi hermana y yo. Hombre, cierta diferencia había, pero no abismal. ¿O sí? No. ¿O sí?

He de reconocer que mis 11 primaveras no fueron mi mejor momento. Lucía un corte de pelo aterrador a la “Tizoc”. Tenía un cuerpecito de boiler bien chistoso. Y recuerdo que mis pantalones favoritos, acampanados, de pana color azul claro, gritaban “fashion emergency” con desesperación. Aún así, yo digo….¿y la delicadeza? ¿y el tacto? ¿y la misericordia?

No se vale. Del shock, ni siquiera pude decirle a la señora que su verruga me recordaba mucho a la de Hermelinda Linda.



Este recuerdo me ha hecho reflexionar y darme cuenta de que todos somos una especie de agricultores de ideas. Vamos por la vida siembra que siembra, sin entender bien que la cosecha depende de la semilla.

Hay unas semillas de la variedad In you face, como:

“Ay Toñito, lo tuyo, lo tuyo, lo que se dice lo tuyo, no son los deportes, mijito”.
“Ay, Eduardito, menos mal que eres bueno para los deportes, criatura del señor”.
“ Mi pobrecita niña , te tocó la maldición familiar. Sacaste las caderas de tu tía la nena”.
“Por lo menos tienes bonita cara, chula…”

Y hay del tipo Te lo digo Juan para que lo escuches Pedro:

“Lástima que lo único que heredó del guapo de su papá es el apellido”.
“Él va a ser el atleta y el otro va a ser el intelectual”.
“Lo bueno es que la nariz se puede operar”.
“Cuando crezca se va a mejorar, vas a ver” (frase acompañada de una expresión parecida a la que sucede naturalmente en casos de severo estreñimiento).

Todos lo hacemos, todo el tiempo. Por eso, creo que tendríamos que hacer el experimento de sembrar semillas de más calidad (y calidez), para que los troncos crezcan más fuertes, las ramas lleguen más lejos, los frutos sean más abundantes y las flores mucho más bellas.

Es más difícil enderezar un arbolito que concentrarte en regarlo y ponerle fertilizante (analogía que no necesariamente es la más afortunada si consideramos que es mierda, pero ustedes me entienden).

Así que demosle una segunda pensada a nuestras palabras y a nuestros pensamientos antes de sembrarlos en alguien. Acuérdense que la cosecha nos la vamos a comer todos.

Y a la señora que mencioné anteriormente, solo le digo:
“Sí soy bonita”.
¿O no?
¿O sí?
¿O no?
¡CLARO QUE SÍ!

--- por Martha Soler @cholechita @estrogeno3

Tuesday, March 8, 2011

Día de la mujer

Hoy se celebra el día de la mujer. La idea arroja de manera inmediata otra ¿por qué necesitaríamos de un día al año para recordar a la mujer y su contribución en la sociedad? Desde Facebook hasta Twitter se publican mensajes tanto de hombres como mujeres que no están de acuerdo con esta fecha. No les falta razón, todos los días deberían ser los días de los hombres y las mujeres, pero si abrimos el periódico y leemos la cantidad de feminicidios que hay en el país o revisas los datos sobre prestaciones y sueldos entre hombres y mujeres, la realidad te demuestra que todavía queda mucho por hacer. ¿Cómo acabar con esto?

Se me ocurre remontarnos a los comienzos de la humanidad cuando los grupos de individuos estaban reunidos alrededor de las mujeres, sí muchachos, como lo leyeron. Eran las mujeres las que no sólo recolectaban los frutos y cuidaban a los niños sino, que también daban las instrucciones necesarias para que la sociedad funcionara. Los hombres, en su papel de proveedor y explorador, salían a cazar al jabalí en turno para hacerlo carnitas.

Las mujeres tenían el rol más importante en la sociedad. Los hijos y todos los miembros de la familia vivían dentro de la comunidad de la familia de la madre. No existía el matrimonio, no se enojen chicas pero el bling-bling del anillo de compromiso no era necesario. Digamos que era un acuerdo verbal, así que en cuanto uno de los dos se cansaba del otro bastaba con hacerse una mala cara, hablarlo y no había necesidad de los buitres que son los abogados de divorcio. El hombre acompañaba a la mujer en sus labores y pasaba la noche con ella, haciendo lo que dos cuerpos suelen hacer al calor del fuego de una hoguera y al amanecer él se iba a casa de su madre. Bastante cool ¿no? Ella no tenía por qué lavarle los calzones ni coser sus trapitos, sólo estaban juntos porque les apetecía, porque eran amables uno con el otro, se hacían reír y apreciaban lo que el otro les daba.

En la educación de los hijos participaba la familia entera, hermanas, hermanos, tíos, tías y abuelos. Así, al niño nunca le faltaba con quién jugar a "patear la roca" o "lanzamiento por liana" por lo que no había ningún resentimiento debido a que la madre lo dejara solo por ir a trabajar. Los niños tenían un entorno familiar tan grande que crecían seguros, protegidos y no había necesidad de psicólogos que les dijeran que tenían "déficit de atención" por "falta de atención" en sus casas. Los hombres no se sentían ninguneados y su hombría no se veía "manchada" porque la mujer fuera la cabeza de la sociedad. Se vivía en paz y en armonía con la naturaleza, y al ser la mujer quien daba la vida, su figura se veneraba tanto como el de una diosa. Hombres y mujeres convivían de manera próspera y alegre, con un profundo respeto tanto de las relaciones emocionales como sexuales.

Esta forma de sociedad era tan equilibrada, armoniosa y funcional que hasta la fecha en China sigue existiendo un grupo así. Se llaman los Mosuo y han conseguido preservar por más de 1,000 años su sociedad matriarcal. Han llamado tanto la atención, su entorno es tan amoroso, tan bello y equilibrado que hasta se han convertido en una atracción turística. En la sociedad Mosuo, la igualdad y el respeto entre hombres y mujeres es absoluto. Ellas y ellos pueden en un momento dado dejar a su pareja y decirle “ya no quiero estar contigo, quiero estar con otro”, y su entorno ni las presiona ni las critica. Los niños crecen sin el trauma de la "separación" de su núcleo familiar pues éste siempre es sólido y muy amplio al incluir a los tíos, abuelitos, etc. En la sociedad Mosuo la madre se ocupa de la familia de una manera armónica pues en su cabeza no están ni la ambición ni el poder, simplemente la armonía familiar y social. Ahí no se discute para nada, los hombres son muy educados y delicados con las mujeres y están exentos de los prejuicios y las presiones sociales causadas por la superficialidad en que vivimos.

Los tiempos han cambiado muchísimo ¿no es así? ¿Por qué no rescatar algunas de las costumbres de nuestros ancestros? ¿Por qué no buscar que la mujer cuente con el respeto y la equidad que se merece y aprender de sus virtudes como líderes y amantes de la vida y la naturaleza?

Yo propongo que éste y todos los días sean días de la mujer, porque estoy segura que en reciprocidad haríamos que todos los días fueran días del niño, del hombre, de la familia y del amor. Todos y cada uno de los días.

--- por Ana Patricia Castañeda @GranComandante @estrogeno3

Fuente de los Mosuo: La Vanguardia, Barcelona, España.

Tuesday, March 1, 2011

Regálame un año más.

Cuando le dieron la noticia a mi hermana Chiqui de que su cáncer se había extendido por enésima vez, ahora al hígado y al cerebro, quiso dejar el tratamiento. Había estado luchando más de 4 años con una determinación inquebrantable. Por primera vez, consideró soltarse, dejar que las cosas tomaran su curso, rendirse ante lo que parecía inevitable. Estaba tirada en su cama, completamente drenada, cuando entró a verla Martín, su hijo mayor. Chiqui lo abrazó y le preguntó:

“Mi amor, ¿qué pensarías si abandono ya la quimioterapia, las radiaciones, la cortisona y toda esta tortura? No está funcionando. No creo que vaya a funcionar. Y yo ya no puedo más.”

Sabiendo que le estaba pidiendo algo imposible, mi sobrino le dijo la frase con la que mi hermana se levantó a dar la batalla final:

“No mamá. Por favor regálame un año más.”

Un año más con tu mamá es una eternidad. Es un año más de ejemplo, de apapachos, de consejos. Es un año más de historias, risas, apoyo incondicional. Es un tiempo al que no se le puede poner precio.

Sin embargo, eso no parece conmover a muchas de nuestras autoridades en la Secretaría de Salud, que están impulsando la modificación a "La Norma Oficial Mexicana 041-SSA2-2009 para la Prevención, Diagnóstico, Tratamiento, Control y Vigilancia del Cáncer de Mama" y pretenden, entre otras cosas, que la edad en la que se les debe realizar mastografías gratuitas a las mujeres asintomáticas quede hasta los 50 años. Esto va contra todas las recomendaciones internacionales, contra el sentido común y contra todas las mexicanas que no tienen dinero para pagar esta prueba.

Aprobar esta norma es robarle la oportunidad a miles de mujeres de hacerse este estudio vital a los 40 años, cuando está demostrado que es una herramienta que les puede salvar o alargar la vida. Es una herramienta que puede detectar el problema ANTES de que haya síntomas, cuando es temprano para actuar.

Uno de los principales promotores de esta iniciativa es Mauricio Hernández, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. A él parece no importarle las historias de las mujeres a las que se debe como servidor público, ni las familias que se rompan, ni los años que se pierdan. Parece que lo que le gusta es confundir con estadísticas que ni a él mismo convencen y ahorrarse dinero, esfuerzo y trabajo.

Este hombre ha caído en una serie de contradicciones impresionantes al tratar de justificar su postura. Por un lado, ha declarado que más del 70% de las muertes registradas por cáncer de mama se da entre mujeres arriba de los 50 años. Pero después, ha admitido que carecen de datos sobre las tasas de incidencia del padecimiento. Si bien hay poca información, la misma SSA ha publicado estudios que demuestran que cada vez más mujeres entre los 40 y los 49 años están enfermando.

Independientemente de que fuera cierto que hay un porcentaje mayor de muertes arriba de los 50 años, esto no habla del número de casos. Tampoco quiere decir que las muertes entre mujeres de 40 a 49 años sean menos dramáticas e importantes.

Una decisión sobre la edad en la que se administra una prueba tan vital debe estar documentada con argumentos incuestionables y contestar todas las dudas en lugar de generarlas. La SSA no cuenta con la información que justifique negarle a miles de mujeres una de las herramientas más reconocidas de prevención.

Algunas otras declaraciones del Subsecretario rayan en lo irresponsable y peligroso, cuando habla de los riesgos de la mastografía. En primer lugar, dice que las radiaciones que una mujer recibe durante la prueba pueden causarle cáncer. Está comprobado que cualquier persona recibe más radiaciones en un viaje de avión. ¿Cuántas mujeres dejarán de realizarse una mastografía gracias al miedo generado por una autoridad de salud? Esto es verdaderamente medieval.

Otro de los riesgos de los que habla es el posible daño psicológico en el caso de un falso positivo, que se da más frecuentemente en grupos de edad menores a los 50 años. Sin embargo, la mastografía no es el único examen. En caso de dar positivo, se realizan otros estudios como ultrasonidos o biopsias para confirmar el diagnóstico. ¿No es preferible pasar por un susto que no detectar un cáncer en una etapa temprana, cuando las posibilidades de tratarlo y curarlo son mayores? Sin mencionar que el dolor y el costo del tratamiento de un cáncer en etapa temprana es mucho menor.

Dijo también: "Tampoco es ético hacer una detección temprana si no existe la capacidad de personal e infraestructura para dar seguimiento y realizar la confirmación diagnóstica."¿Qué quiere decir con esto? Simplemente que para el Subsecretario es más fácil no diagnosticar porque si no después, también tiene que preocuparse por confirmar el diagnóstico y Dios no lo quiera, de ocuparse del tratamiento. Es demasiado trabajo para él.

Es cierto que en nuestro país enfrentamos retos muy serios en este tema. Hay pocos radiólogos calificados, por ejemplo. Pero la solución al problema no puede ser “hagamos menos mastografías”. La solución es capacitar a más y mejores radiólogos. Si hay pocos recursos, hay que conseguir más, pero una norma representa a lo que se van a comprometer nuestras autoridades. Por eso, debe estar basada en las necesidades y no en las dificultades. La norma debe contemplar proteger la salud de las mujeres, no justificar las deficiencias de nuestro sistema de salud descalificando una prueba que se recomienda a partir de los 40 años. ¿Con qué evidencias concretas nos van a convencer de lo contrario? Hasta ahora, yo no las he visto. ¿Las habrá visto el Secretario de Salud, José Ángel Córdova? ¿Dónde está él? ¿Esta enterado siquiera? ¿O está demasiado ocupado preparando su campaña para gobernador de Guanajuato?

Estamos en una carrera contra reloj. Las mujeres con cáncer de mama tienen prisa. La aprobación de la norma está planeada para abril. Simplemente, no podemos permitir que se apruebe tal como está.

La Fundación DARSER, de la que formamos parte, ha estado trabajando mucho para impedirlo. Hemos dado conferencias de prensa para alertar a los medios. Nos hemos manifestado frente a la SSA. Hemos hablado con senadores y diputados. Pero lo que necesitamos es sumar a mucha gente que se quiera unir a la lucha por todas las mujeres de nuestras vidas, sobre todo, las que no tienen recursos y a las que el subsecretario prefiere muertas, pero sin sobresaltos, sin sustos de falsos positivos, sin tiempo ni para darles tratamiento, que es otra responsabilidad que al parecer se quiere ahorrar.

Si estas de acuerdo que las mujeres mexicanas tienen el derecho a una mastografía gratuita a partir de los 40 años y que aprobar una norma que se los niegue es criminal, hazle saber tu opinión al Subsecretario Mauricio Hernández Ávila. Su correo electrónico es: mauricio.hernandez@salud.gob.mx y su twitter, @MHernan_

Su teléfono directo (publicado en la página web de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud) es: (55) 5062-1753. Ojala le llueva una avalancha de peticiones que lo haga reconsiderar.

Chiqui no logró regalarle a sus hijos un año completo, pero estuvo con ellos 8 meses más. Agradezco cada minuto, cada segundo de la vida que compartió con nosotros. Le deseo a todas las mujeres de mi país que puedan regalarle a sus familias el mayor y el mejor tiempo posible. Le deseo al señor Subsecretario el brote espontáneo de una almorrana sangrante.


--- por Martha Soler Mallet @cholechita


Si están interesados, este es un extracto del artículo de Javier Flores “Mamografía - la opinión de las organizaciones médicas” publicado en La Jornada.

Desde 2001 se publicó que el grupo de edad más frecuentemente afectado con cáncer de mama es el de 40 a 49 años; que globalmente las mujeres con cáncer de mama menores de 50 años representaron 45.5 por ciento del total de 29 mil 75 casos analizados del Registro Histopatológico de Neoplasias Malignas en México (Cáncer 2001; 91:863-8), y que la media de edad de las mexicanas con cáncer era de 51 años. En la revisión que hacemos ahora de casos tratados en las instituciones oncológicas de la ciudad de México (Hospital General de México, Instituto Nacional de Cancerología, Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional, Instituto Mexicano del Seguro Social e Instituto de Enfermedades de la Mama) a 10 años de distancia de esa publicación, es evidente que el grupo con cáncer de mama entre 40 y 49 años de edad representa entre 35 y 40 por ciento del total y que se mantiene la misma tendencia.

Sobre la pretensión del proyecto de modificación de la NOM-041 de incrementar la edad para las mamografías en mayores de 50 años, y sólo en casos especiales a las menores de ese rango, las organizaciones médicas señalan:

No hay sustento para tal indicación. Dado que la mujer mexicana desarrolla el cáncer de mama en 40 por ciento de las veces, entre 40 y 49 años, no podemos desproteger a ese segmento de la población, que además por la biología del tumor (evolución más rápida, más difícil diagnóstico por la densidad mamaria) y del tejido mamario, la mayoría de las veces se diagnostican en etapas localmente avanzadas (E-III) con el inherente mal pronóstico. Esto, sin tomar en cuenta que en ese grupo la pérdida de años productivos es mayor (21), con el consecuente impacto económico para el país y donde la afección sociofamiliar es más intensa por la edad de los hijos.

Wednesday, February 2, 2011

Epidemia de amor

En estos tiempos violentos y desconcertantes es importante recordarnos los unos a los otros que las cosas, por muy malas que parezcan, pueden ser mucho mejor dependiendo de nuestra mirada y acciones. Por ello, les compartimos este texto escrito por Santiago Pando hace casi dos años cuando México se enfrentaba a un enemigo diferente a la violencia cuyo origen proviene del mismo lugar: el miedo.
No le demos poder al miedo, démosle poder al amor. ¡Al amor por México!

EPIDEMIA DE AMOR.

SANTIAGO PANDO
27-04-2009

"¿Frente a qué tipo de fenómeno social estamos? ¿Podemos hablar de una impensable y veloz conciencia colectiva capaz de paralizar a millones de capitalinos ante una emergencia pandémica? ¿O simple y sencillamente asistimos a un episodio de miedo colectivo, ante el riesgo de contagio?" -
Ricardo Alemán, El Universal, 27 de abril 2009.

Todo tiene un propósito divino. Hasta la epidemia de influenza que anda en boca de todos en México.

Estamos viviendo un momento de parto: la madre tierra está por dar a luz entre nosotros. Y el cuerpo de la madre pierde defensas durante el embarazo, es parte de la depuración.

La palabra parto viene de compartir, todos estamos inmersos en este proceso que por naturaleza es desgarrador. No es extraño que la epidemia ande en boca de todos, a pesar de los tapabocas. Un solo pensamiento nos une y conecta. Es viral.

La tierra está dando a luz una nueva conciencia. México es el lugar de nacimiento.

Un parto es un cambio de paradigma. La fuente colapsa para crear una nueva visión. Un nuevo estado de las cosas que transforma las estructuras sociales y mentales.

La independencia de México nació de un colapso, al igual que la revolución. Y antes de que sucedieran, las cosas se habían puesto feas. Y había pocas razones que predijeran lo que estaba por acontecer. Exactamente igual que hoy, solo que ahora nos corresponde vivir la evolución mexicana.. Pacífica y amorosa. El brinco cuántico de conciencia.

Sé que muchos dicen que esta epidemia es una creación de los iluminatti, los grises que han dominado al planeta, para bajar a la vibración del pánico al mundo entero, desde el epicentro de México. Y no dudo que tengan razones para ello. Pero no llegamos hasta aquí precisamente por la razón, sino por el corazón.

Es cuestión de amor, no de miedo. Puedes juzgar que es una maldición oscura, miedo, o creer que es una bendición del cielo ahora en la tierra, amor. Creer es crear.

Quizá es lo que necesitábamos para recordar que estamos interconectados los unos con los otros. Y acordarnos lo que realmente significa amar al prójimo y, a uno mismo.

Quizá sea una llamada de atención para que estemos más atentos a lo realmente importante, lo que nos une, y dejemos de lado lo superficial, lo que nos separa. Anteponer el interés ciudadano a las razones políticas.

Lo cierto es que hoy todos los ojos del planeta están en México. ¿Será el preámbulo de un despertar masivo de conciencia, el brote de una epidemia de amor? ¿Es el anuncio de la evolución mexicana?

El amor es lo que en verdad nos une. Y es aún más contagioso que el miedo...

---- Texto publicado bajo el consentimiento de Santiago Pando.
Si quieres conocer más acerca de la teoría "Creer es crear" te invitamos a que visites http://www.creerescrear.com/

Friday, December 24, 2010

Las Enseñanzas del Tío Gus - Lección No. 6

Mi amiga la Huera, a pesar de tener unos cuatro ó cinco planes B, sigue esperando la llamada del desaparecido Plan A que se mencionó en la lección 5; el hombre que la conmovió recientemente y después de mucho tiempo de no haber sido conmovida. Tal vez las alternativas han ayudado a amortizar el dolor del abandono, pero lo cierto es que ni el vecino de 30, ni su entrenador del gimnasio, ni el ricachón con mercedes ni un exnovio de la prepa, le han borrado la tristeza y el enojo ocasionados.

La situación de la Huera me hizo pensar que tal vez las cuarentonas ya no estamos diseñadas para planes B. Nos falta paciencia, nos sobran trabajo y cuentas por pagar. Tomando esto en consideración, decidí darle un giro de tuerca a la técnica del Tío Gus y hacer del Panista un plan intermedio mientras mis emociones y mi autoestima me lo permitieran. Y a pesar de que la metodología (como vimos en la lección 5) indicaba claramente NO contestar sus llamadas, el sábado que siguió a nuestro encuentro providencial con su cita a ciegas en el café del barrio, tomé el teléfono después de tres llamadas de las de las 2:30 p.m., y le pedí que nos fuéramos a tomar un trago.

Probablemente el Panista sea de los pocos hombres en el mundo a quienes hay que aclarar que para ir a tomar un trago no es necesario tomarse el trago. Fue por esto que tuve que obviar mi deseo de ir al hotel de la Roma donde solíamos encontrarnos en nuestra primera vuelta. Y lo que me permitió también, o nos permitió a los dos, aparentemente, cambiar las reglas del juego y proponer un Plan B. El hombre con quien, según el Tío Gus, no puedo contar de manera constante ni considerar parte de mi cotidiano ni construir planes a mediano o largo plazo (ni para la próxima semana ni para el próximo año), pero con quien puedo salir a cenar uno que otro sábado y echarme una canita al aire.

Debo admitir que el nivel de participación del Panista superó por algunas semanas los encuentros casuales y/o sin compromisos que lo clasificarían como plan B: llamaba y nos veíamos más o menos dos veces a la semana, y algunos encuentros inclusive incluían a sus hijos o a mis cuates, lo cual considero ya algo comprometedor… Pero, y ahí está el meollo del asunto, eran solo “ciertos rasgos”, porque también cancelaba citas en el último minuto por las razones más pueriles. Y si yo cometía el craso error de buscarlo, es decir de tomar la iniciativa para encontrarnos, recibía respuestas que oscilaban entre el rechazo y la indiferencia.

El Tío Gus, como pudimos ver en la lección 5, se oponía rotundamente a que llamara al Panista para cenar, coger o lo que se pudiera ofrecer. Pero ante la contundencia de los hechos –Juanita ya estaba viendo al Panista con cierta frecuencia-, optó por enseñarme como proceder tomando en consideración lo ambiguo de mi situación. Esto fue lo que llamó “el póker del Amor”.

Hasta lo que pude entender ya que yo no sé jugar póker, el Tío Gus me decía que, si no eres un gran tahur, tal vez apuestas todo tu dinero en la primera mano porque tienes muy buenas barajas. Esto es, tu atención está en una ronda y no en todo el juego. Sin embargo, un buen apostador se concentra en toda la partida y procura dentro de lo posible no revelar su estrategia. De la misma manera, yo debía de proyectar mi juego con mi plan AB (o sea el Panista) para que durara más de una ronda: de barajas o de tragos o de llamadas telefónicas. Debía aprender la técnica antes que actuar según el instinto, mantener cierta frialdad ante las situaciones, poner cara de idem y observar con atención el juego del otro. Esto es, no actuar hasta conocer tanto sus cartas como su manera de jugarlas.

El ejemplo surgió ya que después de dos semanas de cine teatro cama y cena con el Panista, lo invité a casa de su servidora a una pequeña reunión a la cual no asistió. El Tío Gus preguntó por él y al escuchar mi respuesta -"está trabajando"- comentó que tal vez no debía haberlo invitado, que me mostraba y mostraba mis cartas demasiado pronto. En otras palabras, yo no debía abrir NINGUNA baraja hasta que entendiera con claridad como venía el juego del Panista.

Como dije antes, no sé jugar póker, y lo que me sugería el Tío Gus me molestaba y me incomodaba: ¿porque no había de llamar al Panista si tenía ganas de verlo? ¿O invitarlo a una reunión? Claro que así mis barajas quedaban al descubierto y perdía lo ganado la ronda anterior. Que fue lo que acabó sucediéndome. ¿Dónde se encontraba mi error principal como jugadora, si trato de analizarlo a posteriori?

Yo asumo que si el panista descarta un ocho de corazones es porque le apuesta a las espadas o a los tréboles. Pero tal vez el panista solo está “blofeando”, y tengo que observar como juega con más detenimiento para saber si realmente no le sirven ni los ochos ni los corazones. Esto es, no puedo asumir ni que barajas tiene ni cual es su estrategia sino hasta después de varias rondas. Sin embargo yo, principiante en los juego de baraja e incipiente en los juegos del amor, doy por sentado que si me acompañan a UNA fiesta puedo pedir que me acompañen a TODAS las fiestas, y que si me llaman tres veces a la semana me van a seguir llamando SIEMPRE tres veces por semana. Y en cuanto esta expectativa se frustra, me frustro yo, se desfigura mi cara de póker y afloran los reclamos, maldición divina del estereotipo femenino. La única forma en la cual puedo no engancharme con este maligno estereotipo es mantener la calma; no abrir mi mano hasta que pueda establecer un patrón de conducta en el juego del otro.

Fue por eso que decidí analizar como me estaba yendo en el partido. Y el resumen del juego de póker que procedió a la clase con el Tío fueron una semana en la cual el Panista se desapareció porque yo soy una berrinchuda (de hecho, lo soy), dos fiestas de amigos míos a las cuales él atendió estoicamente, tres cenas-tragos entre semana iniciativa de él, un rechazo a una invitación iniciativa mía, y tres cancelaciones a tres citas distintas (por razones diversas.) 5 puntos a favor y 5 en contra. De más está decirles que me URGE aprender a jugar póker para salir de esta ambigüedad. Y como no se está jugando con las cartas abiertas, mi propósito de año nuevo, queridos lectores, es observar y callar y estudiar con atención la técnica de juego de los otros jugadores.

--- Colaboración especial de Juanita Montalbán ( juanitamontalban@hotmail.com )

Friday, December 17, 2010

Irene

Tengo la imperante necesidad de hablar con los desconocidos. No me pregunten por qué pero me entusiasma sobremanera conocer la vida, las historias, las anécdotas de gente que ni conozco. En todo momento y lugar pareciera que me "brincan encima" las oportunidades para acercarme a alguien y comenzar a charlar sin más ni más. En este pasatiempo me encuentro con personas interesantísimas y, por sorprendente que parezca, casi todas estas interacciones me han dejado algo enriquecedor, algo que ha contribuido de una u otra manera a mi vida. El encuentro que les relataré es particularmente especial.

Me encontraba caminando por una de las calles de la ciudad de México que está muy cerca de mi casa por lo que la he recorrido más de treinta veces. Hacía algunas semanas que no pasaba por ahí, y me llamó la atención un restaurante nuevo de comida oaxaqueña (para quienes no lo sepan ésta es una de las comidas más ricas de mi país) así que me detuve a ver el menú. Una vez que terminé de revisar la deliciosa variedad de platillos levanté la mirada y mis ojos se toparon con los de ella. Irene estaba detrás del mostrador de la tiendita de artesanías oaxaqueñas colocada a un lado del restaurante. Como es mi costumbre sin vergüenza alguna entré a la tienda y, con la confianza que su sonrisa me brindó, comencé a platicar con ella. Qué poquito sabía del impacto que este encuentro tendría en mi.

Escribir sobre Irene comprende la labor de resumir en una mil y un historias. Todas y cada una de ellas son perlas de sabiduría, por lo que vale la pena comenzar a contarlas una a una.

Irene es una indígena zapoteca de la Sierra de Oaxaca (México). Es una mujer empresaria, madre de una pequeña de 11 años, que se abre paso día a día en la ciudad más grande del mundo. Hoy, Irene no sólo cuenta con la responsabilidad de sacar adelante tanto a su niña como a su negocio, la tienda de artesanías oaxaqueñas, sino que además se da a la labor de apoyar a diversos grupos de mujeres indígenas de la sierra. Pero no todo fue siempre así.

Irene llegó a la Ciudad de México a los 12 años. Estaba descalza, no hablaba español y lo único que tenía era una caja de cartón atada con mecate a la cintura donde guardaba sus pocas pertenencias. Llegó a casa de un adinerado español quien le permitió vivir ahí y recibir educación académica básica. Con dicha familia Irene aprendió el idioma español, a leer y escribir y por lo tanto los recuerda con profunda gratitud y cariño. Como la gran mayoría de las mujeres latinoamericanas, tenía la ilusión de encontrar y experimentar el amor de pareja, un hombre con quien compartiría su vida, sus sueños y logros. A los 25 años parecía que lo había encontrado: un hombre poco mayor que ella que la hacía sentir especial, que la quería o por lo menos eso era lo que ella pensaba. Se enamoraron y finalmente se casaron. Poco duró la felicidad, desde el primer día el marido (cuyo nombre Irene omitió) la agredió. Primero fue de manera verbal, utilizando palabras altisonantes y denigrantes. Posteriormente el maltrato pasó de la grosería a la brutalidad física: empujones, apretones que le dejaban moretones en brazos, muñecas y piernas, golpes con la mano abierta y cerrada día tras día tras día. Debido a dicha agresión Irene no permitía, con justa razón, ningún tipo de acercamiento íntimo. Fue ahí que comenzaron las violaciones por parte de su marido. Como ella misma lo expresa "a su lado todo era a la fuerza".

El problema no quedó sólo ahí. Su entonces pareja, presa de las adicciones, sus propias frustraciones y la ignorancia, generó tal desequilibrio en la familia que ésta comenzó a afectar a su hija. Irene cuenta con tristeza y dolor cómo la pequeña se refugiaba en su cama, con la carita y los ojos tristes, tratando de mantenerse aislada de tanta violencia. No fue hasta que la niña comenzó a mostrar signos de amargura que Irene comprendió que los golpes que ella recibía no los recibía por sí sola. Un día cuando su hija tenía 6 años el papá también agredió a la pequeña. En ese momento, vio con desesperación que tenía que hacer algo para proteger a su nena y acabar de una vez por todas con esa terrible situación.

Buscó ayuda en un organismo gubernamental (INMUJERES) y la encontró en una psicóloga que, en palabras de Irene, la hizo despertar. "Tú no eres una mujer de decisiones" le dijo. "Todo lo que te está ocurriendo se responde con una sola pregunta ¿qué quieres para tu vida? ¿Qué es lo que quieres para tu hija? Respóndete a ti misma ¿qué quieres? En la respuesta encontrarás la solución a tus problemas. Si tú no quieres seguir viviendo así, toma la decisión de terminar con esta relación y hacer que tu vida florezca y sea tal como quieres que sea." Parecería que la respuesta vendría de la mano con la solución, sin embargo Irene relata cómo tuvo que vencer antes que a su marido al enemigo más grande de todos: EL MIEDO. El miedo a lo desconocido, al prejuicio y al juicio de los demás, el profundo temor al fracaso y a la soledad. Ese miedo que paraliza, que acorrala el alma y con ella al cuerpo y nos ata a vivir situaciones y experiencias más allá de lo sano y lo coherente. Sin embargo, fue el amor propio, la dignidad, el amor y la responsabilidad con su hija lo que le hicieron dar ese primer gran paso.

Como ella lo relata, no fue una labor sencilla y vencer el miedo no fue lo más difícil. No sólo tuvo que abandonar el departamento que habían comprado en conjunto para comenzar a rentar; se quedó sin automóvil, sin ahorros, sin lujo alguno. Tuvo que atravesar por una terrible depresión, de la cuál poco entendía y que aun con ayuda profesional recuerda como una pesadilla. Sin embargo, lo que para ella fue la labor más compleja fue la de PERDONAR. Primero y antes que a nadie, a sí misma por haberse permitido vivir durante tantos años el abuso por parte de su pareja. Para Irene comprender su propia responsabilidad en todo lo acontecido fue devastador y a la vez liberador. Tuvo que hacer uso de todo su corazón y valentía para reconocer que había estado dormida durante los años que su exmarido abusó de ella. Y lo que fuera perturbador en un principio se convirtió en un acto liberador que le permitió reencontrarse consigo misma y rehacer su vida, tal como ella la quería.

Hoy por hoy, Irene se enfrenta a los retos con entusiasmo y, ¿por qué no decirlo?, con cierto orgullo. Ella es una mujer digna, fuerte, valiosa y valiente. Su meta más grande es darle a su pequeña hija educación amorosa y coherente para convertirla en un ser humano de bien y en quien se pueda confiar. En sus hermosos ojos cafés no hay rastros de amargura, miedo, dolor o autocompasión. "Somos portadoras de amor" me dice refiriéndose a las mujeres "y como tales, contamos con inagotable capacidad de crear un mejor futuro para los pequeños. Esa es nuestra principal responsabilidad."

Irene desea compartir su historia con el sueño de que las mujeres DESPERTEMOS. Despertemos al ilimitado potencial de nuestras propias vidas. ¿Cómo? Haciéndonos responsables por lo que ocurre en ellas.

Esta es una de las tantas perlas de sabiduría que Irene tiene para compartirnos, tan sólo una.

--- por Ana Patricia Castañeda García @GranComandante @estrogeno3