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Tuesday, May 31, 2011

Mirada 360 Grados

Ahora en Ciudad Juárez no es extraño ver en una misma mesa, esbozando planes de reconstrucción, a jóvenes radicales de ultraizquierda al lado de empresarios conservadores, igual que a médicos, campesinos, defensores de los derechos humanos, monjas, feministas, universitarios, colectivos de artistas y familiares de víctimas. Marcela Turati, Proceso, 22 mayo 2011.


La mirada 360 grados es aquella que abarca de izquierda a derecha, de arriba a abajo y de atrás para adelante.

Es la mirada periférica, la visión del águila real.

Es el punto de sincronía, o de cruz, como le llaman los Mayas. Es cuando aceptas el todo, sin regatearle nada. Es trascender las posturas radicales que nos dividen y los prejuicios morales que ensucian de culpas y arrepentimientos la mirada. Es unir todo el espectro de la película de la vida: espejo humeante.

El espejo tiene dos lados: separados son medias verdades, unidos complementan la verdad.

Todos los prejuicios son conservadores. Son como basuras energéticas que empañan la mirada, y no nos permiten ver la realidad tal y como es. Es una mirada parcial y mal intencionada.

Piensa mal y acertarás: la frase guillotina.

Es como ver la película de la vida en blanco y negro: ¿Acaso todos los empresarios son explotadores al servicio del imperio y todos los luchadores sociales son violentos y rijosos? ¿O todos los de derecha son mochos y los de izquierda dogmáticos? La respuesta, en la mayoría de los casos, definitivamente es no.

Todo lo que uno juzga por fuera es aquello, propio, que no se reconoce por dentro.

Seguir creyendo en la superioridad moral de una postura política, religiosa, cultural o espiritual, sobre otra, es igual de arcaico a pensar que el hombre es superior a la mujer.

O que los indígenas en verdad son ignorantes. O que hay gente bien y gente con mala suerte. O que los políticos son la salvación. O que otros tienen la culpa de todo.

Cualquier visión extrema está negando parte de su propia realidad.

Es como jugar el partido en una sola parte de la cancha. Es olvidar que las fichas de ajedrez duermen juntas, blancas y negras, en la misma caja. O que todos somos células dentro del mismo cuerpo colectivo.

Cuando dejas de juzgar la realidad entras en la dimensión del ahora.

Abrir los brazos, en lugar de cerrar los puños, nos permite abrazar la libertad de la vida. Los prejuicios son los que nos encarcelan.

Nuestros ancestros creen que en México, aquí y ahora, es donde y cuando la serpiente de la dualidad se transforma en la unidad del águila. Y eso sucede cuando una masa crítica logra cambiar la mirada, derribando la pared de prejuicios que nos separa, y entonces todo el colectivo se transforma en un gran abrazo de luz.

La mirada 360 grados es la visión del águila real: Todos somos Uno.


--- por Santiago Pando @SantiagoPando

Tuesday, March 8, 2011

Día de la mujer

Hoy se celebra el día de la mujer. La idea arroja de manera inmediata otra ¿por qué necesitaríamos de un día al año para recordar a la mujer y su contribución en la sociedad? Desde Facebook hasta Twitter se publican mensajes tanto de hombres como mujeres que no están de acuerdo con esta fecha. No les falta razón, todos los días deberían ser los días de los hombres y las mujeres, pero si abrimos el periódico y leemos la cantidad de feminicidios que hay en el país o revisas los datos sobre prestaciones y sueldos entre hombres y mujeres, la realidad te demuestra que todavía queda mucho por hacer. ¿Cómo acabar con esto?

Se me ocurre remontarnos a los comienzos de la humanidad cuando los grupos de individuos estaban reunidos alrededor de las mujeres, sí muchachos, como lo leyeron. Eran las mujeres las que no sólo recolectaban los frutos y cuidaban a los niños sino, que también daban las instrucciones necesarias para que la sociedad funcionara. Los hombres, en su papel de proveedor y explorador, salían a cazar al jabalí en turno para hacerlo carnitas.

Las mujeres tenían el rol más importante en la sociedad. Los hijos y todos los miembros de la familia vivían dentro de la comunidad de la familia de la madre. No existía el matrimonio, no se enojen chicas pero el bling-bling del anillo de compromiso no era necesario. Digamos que era un acuerdo verbal, así que en cuanto uno de los dos se cansaba del otro bastaba con hacerse una mala cara, hablarlo y no había necesidad de los buitres que son los abogados de divorcio. El hombre acompañaba a la mujer en sus labores y pasaba la noche con ella, haciendo lo que dos cuerpos suelen hacer al calor del fuego de una hoguera y al amanecer él se iba a casa de su madre. Bastante cool ¿no? Ella no tenía por qué lavarle los calzones ni coser sus trapitos, sólo estaban juntos porque les apetecía, porque eran amables uno con el otro, se hacían reír y apreciaban lo que el otro les daba.

En la educación de los hijos participaba la familia entera, hermanas, hermanos, tíos, tías y abuelos. Así, al niño nunca le faltaba con quién jugar a "patear la roca" o "lanzamiento por liana" por lo que no había ningún resentimiento debido a que la madre lo dejara solo por ir a trabajar. Los niños tenían un entorno familiar tan grande que crecían seguros, protegidos y no había necesidad de psicólogos que les dijeran que tenían "déficit de atención" por "falta de atención" en sus casas. Los hombres no se sentían ninguneados y su hombría no se veía "manchada" porque la mujer fuera la cabeza de la sociedad. Se vivía en paz y en armonía con la naturaleza, y al ser la mujer quien daba la vida, su figura se veneraba tanto como el de una diosa. Hombres y mujeres convivían de manera próspera y alegre, con un profundo respeto tanto de las relaciones emocionales como sexuales.

Esta forma de sociedad era tan equilibrada, armoniosa y funcional que hasta la fecha en China sigue existiendo un grupo así. Se llaman los Mosuo y han conseguido preservar por más de 1,000 años su sociedad matriarcal. Han llamado tanto la atención, su entorno es tan amoroso, tan bello y equilibrado que hasta se han convertido en una atracción turística. En la sociedad Mosuo, la igualdad y el respeto entre hombres y mujeres es absoluto. Ellas y ellos pueden en un momento dado dejar a su pareja y decirle “ya no quiero estar contigo, quiero estar con otro”, y su entorno ni las presiona ni las critica. Los niños crecen sin el trauma de la "separación" de su núcleo familiar pues éste siempre es sólido y muy amplio al incluir a los tíos, abuelitos, etc. En la sociedad Mosuo la madre se ocupa de la familia de una manera armónica pues en su cabeza no están ni la ambición ni el poder, simplemente la armonía familiar y social. Ahí no se discute para nada, los hombres son muy educados y delicados con las mujeres y están exentos de los prejuicios y las presiones sociales causadas por la superficialidad en que vivimos.

Los tiempos han cambiado muchísimo ¿no es así? ¿Por qué no rescatar algunas de las costumbres de nuestros ancestros? ¿Por qué no buscar que la mujer cuente con el respeto y la equidad que se merece y aprender de sus virtudes como líderes y amantes de la vida y la naturaleza?

Yo propongo que éste y todos los días sean días de la mujer, porque estoy segura que en reciprocidad haríamos que todos los días fueran días del niño, del hombre, de la familia y del amor. Todos y cada uno de los días.

--- por Ana Patricia Castañeda @GranComandante @estrogeno3

Fuente de los Mosuo: La Vanguardia, Barcelona, España.