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Wednesday, August 17, 2011

Una mujer excepcional

25 mayo 2011

Una mujer excepcional

Hoy es el aniversario luctuoso número 19 de mi madre, una mujer cómo

pocas; con gusto impecable, elegante, inteligente, sensible, activista social,

cínica… todo.


Hoy siento la necesidad de celebrar su vida, de recordarla cómo creo que a

ella le gustaría ser recordada.


Silvia Piatok. Una sobreviviente del Holocausto, una sobreviviente punto.


Para mi mamá era muy importante que supiéramos su historia y la historia de

la familia, me contaba que ellos no sabían que eran judíos hasta que llegó

Hitler a recordárselos. Recuerdo que desde los 8 años yo veía películas y

documentales del Holocausto, obligada por ella, hoy no me parece taaan

buena idea, pero ella siempre decía, que no podíamos olvidar lo que pasó

nuestra familia, que debíamos perdonar, pero nunca olvidar.


Nos contaba millones de historias, nos contó que de churro los mandaron a

Siberia, de churro, por que era Siberia en vez de Auschwitz.


No había nada en el mundo que mi mamá disfrutara tanto cómo comer, decía

que había que aprovechar la comida mientras hubiera. Contaba historias de

su juventud, cómo “sólo tenía una falda azul marino y una blusita blanca

monísima” para salir, y que se veía “DI-VI-NA”. Fue socialista hasta que

descubrió que el Capitalismo era mucho más cómodo. Se sentía Aristócrata,

decía que ella era de Varsovia, el ombligo del universo.


Amaba ir al Palacio de Hierro y se refería a Liverpool cómo “El Puerto de

Liverpool”.


Tenía una ética laboral inquebrantable.


Se enfermó de cáncer a los 52 años, se dio cuenta de que estaba enferma

cuando ya estaba muy avanzado su cáncer de riñón. Se quejaba de dolores

en la espalda baja, pero lo atribuía al pobre soporte lumbar de su silla en el

trabajo, me decía que iba a hablar con su jefe para que le cambiaran su silla.

El día que le dijeron que estaba enferma ella nos dio ánimos a nosotros, nos

dijo que le iban a quitar el riñón y que todo iba a estar bien. Tuvo 12

quimioterapias de caballo, ella siempre con una sonrisa. Era tan sociable que

se hizo amiga de todos los pacientes de cáncer del Hospital Inglés, platicaba

con ellos mientras estaban todos en la quimio.


Un día me dijo que alguien le comentó que la mota era buena para las

secuelas de la quimio, un día fumamos juntas y creo que nunca me he

divertido tanto cómo esa vez.


Creo que lo más difícil era ver cómo se diluía mes con mes, se veía tan

chiquita, con su mascada en la cabeza, siempre elegante, hasta el último día.

La última vez que la vi, hizo un “thumbs up”. Esa es la esencia de mi mamá,

un thumbs up, un positivismo casi molesto, un “al mal tiempo, buena cara”

perene.


Mi mamá y yo tenemos muchas en común, la que más me duele es que ella

también perdió a su mamá a los 20 años.


Han pasado 19 años y no hay día en que no la extrañe y la necesite. Dicen

que el tiempo cura las heridas, para mi el tiempo que ha pasado me permite

funcionar, pero hace más evidente la ausencia. Todos los momentos felices

se vuelven agridulces porque no los puedo compartir con ella.


Sé que está feliz dónde quiera que esté, seguro rodeada de gente

maravillosa cómo ella.

--- por Amy Kegan @AmyKegan

Thursday, June 9, 2011

El mayor regalo de papá

Mi hermana menor se encontraba acostada en la cama mientras hacíamos vigilia cuidando a papá. Hacía tan sólo 3 meses que le habían diagnosticado cáncer de páncreas en su etapa terminal.

Terminal. Esa palabra ocupa todo el espacio y no deja lugar para la esperanza. Los médicos nos dijeron que no había mucho que pudieran hacer. "Llévenselo a su casa a morir. Le quedan 3 meses aproximadamente de vida y no hay nada más qué hacer por él”.

Como se podrán imaginar, una noticia así cimbró a la familia entera. Él era nuestro pilar, nuestra roca, el gran roble en cuya sombra nos cobijábamos todos nosotros.

Nos volvimos detectives. Investigadores. Buscamos cualquier tipo de información sobre medicamentos alternativos, remedios ancestrales, lo que fuera y estuviera en nuestras manos.

Papá, como el gladiador que era, nos dijo "No nos vamos a dejar vencer". Palabras suficientes para que los corazones se nos llenaran y siguiéramos en la lucha por la vida, aún ante tan funesto pronóstico. Fueron los 3 meses más angustiosos, dolorosos y a la vez los más maravillosos que pudimos vivir.

Deben saber que papá y yo tuvimos siempre una relación mágica. Él conservaba hasta sus últimos días una carta que le escribí de chiquita donde le decía que lo quería no porque fuera mi padre sino porque era mi mejor amigo. Así éramos los dos, los mejores amigos.

Circunstancias de la vida y errores que cometen aún los padres más perfectos lo llevaron a buscar refugio en mi casa por una temporada. Por un mal entendido, se fue lastimado. No volvimos a hablar por dos largos años. Durante ese tiempo traté de suavizar las cosas entre nosotros pero encontraba una respuesta áspera, que hoy entiendo venía más del dolor que de falta de amor hacia mi.

El tiempo de separación terminó abruptamente al recibir la espantosa noticia. No lo pensé ni un segundo:

Tenía que estar a su lado, quisiera él o no. Por fortuna, en el momento que me vio llegar al hospital me sonrió como siempre y yo corrí a abrazarlo. A partir de ese momento no me despegué de su lado.

Tuve la enorme fortuna de contar con jefes y amigos de gran corazón que me permitieron salir de mi trabajo para acompañarlo mientras la enfermedad mermaba su magnífico ser. Porque no sólo consumió su cuerpo. El dolor poco a poco fue acabando con su esplendoroso espíritu.

Esos tres meses nos permitieron decirnos todo lo que nos teníamos que decir. Y aunque no fuera necesario pues no había nada qué perdonar, aún así nos perdonamos mutuamente. Yo le dije que todo lo que yo era, como hija, mujer, amiga, trabajadora, lo era de alguna u otra forma por él. Él me dijo lo orgulloso que se sentía de mi. Como siempre, tenía el don de hacerme sentir especial.

El pronóstico de los médicos no podía ser más atinado. Papá murió la noche del 18 de marzo de 2004 y yo estuve ahí. ¡Qué curioso! El único miedo que tenía yo de chiquita era que él muriera y yo estaba a punto de presenciarlo.

Durante todo ese día no paraban de llegar personas que, enterándose de su estado, querían despedirse de él. Su casa parecía romería. Entraban y salían gentes de todas las edades, tamaños y clases sociales. Papá se consideraba un ser privilegiado, un hombre rico, pero no por el dinero sino por los amigos que tenía y la gente que lo quería. Se sabía bien querido y no era gratuito. Era un hombre extraordinario. Elegante, sonriente, siempre generoso tenía un gesto amable para todos y cada una de las personas que se encontraba en su camino. No puedo decirles lo conmovedor que fue ver las filas de gente esperando poder pasar a decirle lo especial que había sido en sus vidas, aún sabiendo que estaba sedado a causa del inmenso dolor que padecía.

Finalmente llegó la noche y todos se fueron. Mi hermana y yo nos ofrecimos a pasar la noche con él. Algo me decía que no debía separarme.

Fui a mi casa por una muda de ropa y de regreso pasé a comprar un libro que me acompañara en las horas de vigilia. Me llamó la atención la portada de uno que tenía la fotografía de una caja envuelta como regalo con un moño rojo. El título: El Presente. Lo compré y me fui a la casa de mi papá.

Clau se acostó en la cama (papá ya no soportaba estar acostado por lo que dormía en un reposet) y yo me senté a su lado. Puse en mi iPod la música de la película Amelié y compartí mis audífonos con él. Pensé que la música le podía venir bien. Saqué mi libro nuevo y comencé a leer. No avancé mucho. Como a la tercera página entendí que "El Presente" estaba dedicado precisamente al mayor regalo que tenemos: el aquí y ahora, nuestro momento presente. Una vez que me cayó el veinte, tomé la mano de mi papá y le agradecí por todo lo que me había dado en la vida y por permitirme estar en ese preciso momento a su lado. Le di gracias a Dios por permitirme estar con él. Me puse a orar. Justo cuando acabé de hacerlo, volteé a ver a papá y de su cuerpo salió su último aliento. Pude estar con este esplendoroso y amoroso ser en el último suspiro de su vida. Por ello no puedo más que sentirme afortunada.

Papá y ese momento me dieron el mayor regalo que he recibido: Entender que no tenemos nada más maravillo que el PRESENTE. No importa cuán difícil o duro pueda ser, está en nuestro poder decidir cómo lo vivimos. Está en nuestros corazones y en nuestras mentes convertir, aún la despedida más devastadora, en un instante mágico de conexión y amor. Cada instante de nuestra vida nos da razones para sentirnos agradecidos, para apreciar lo que tenemos y a la gente que nos hemos encontrado en el camino. No puedo imaginar un regalo más grande.

Papá está presente en mi vida porque su recuerdo, sus enseñanzas, su ejemplo y su amor permanecen en mi corazón. El libro, nunca lo terminé.

--- por Ana Patricia Castañeda @GranComandante @estrogeno3

Tuesday, March 1, 2011

Regálame un año más.

Cuando le dieron la noticia a mi hermana Chiqui de que su cáncer se había extendido por enésima vez, ahora al hígado y al cerebro, quiso dejar el tratamiento. Había estado luchando más de 4 años con una determinación inquebrantable. Por primera vez, consideró soltarse, dejar que las cosas tomaran su curso, rendirse ante lo que parecía inevitable. Estaba tirada en su cama, completamente drenada, cuando entró a verla Martín, su hijo mayor. Chiqui lo abrazó y le preguntó:

“Mi amor, ¿qué pensarías si abandono ya la quimioterapia, las radiaciones, la cortisona y toda esta tortura? No está funcionando. No creo que vaya a funcionar. Y yo ya no puedo más.”

Sabiendo que le estaba pidiendo algo imposible, mi sobrino le dijo la frase con la que mi hermana se levantó a dar la batalla final:

“No mamá. Por favor regálame un año más.”

Un año más con tu mamá es una eternidad. Es un año más de ejemplo, de apapachos, de consejos. Es un año más de historias, risas, apoyo incondicional. Es un tiempo al que no se le puede poner precio.

Sin embargo, eso no parece conmover a muchas de nuestras autoridades en la Secretaría de Salud, que están impulsando la modificación a "La Norma Oficial Mexicana 041-SSA2-2009 para la Prevención, Diagnóstico, Tratamiento, Control y Vigilancia del Cáncer de Mama" y pretenden, entre otras cosas, que la edad en la que se les debe realizar mastografías gratuitas a las mujeres asintomáticas quede hasta los 50 años. Esto va contra todas las recomendaciones internacionales, contra el sentido común y contra todas las mexicanas que no tienen dinero para pagar esta prueba.

Aprobar esta norma es robarle la oportunidad a miles de mujeres de hacerse este estudio vital a los 40 años, cuando está demostrado que es una herramienta que les puede salvar o alargar la vida. Es una herramienta que puede detectar el problema ANTES de que haya síntomas, cuando es temprano para actuar.

Uno de los principales promotores de esta iniciativa es Mauricio Hernández, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. A él parece no importarle las historias de las mujeres a las que se debe como servidor público, ni las familias que se rompan, ni los años que se pierdan. Parece que lo que le gusta es confundir con estadísticas que ni a él mismo convencen y ahorrarse dinero, esfuerzo y trabajo.

Este hombre ha caído en una serie de contradicciones impresionantes al tratar de justificar su postura. Por un lado, ha declarado que más del 70% de las muertes registradas por cáncer de mama se da entre mujeres arriba de los 50 años. Pero después, ha admitido que carecen de datos sobre las tasas de incidencia del padecimiento. Si bien hay poca información, la misma SSA ha publicado estudios que demuestran que cada vez más mujeres entre los 40 y los 49 años están enfermando.

Independientemente de que fuera cierto que hay un porcentaje mayor de muertes arriba de los 50 años, esto no habla del número de casos. Tampoco quiere decir que las muertes entre mujeres de 40 a 49 años sean menos dramáticas e importantes.

Una decisión sobre la edad en la que se administra una prueba tan vital debe estar documentada con argumentos incuestionables y contestar todas las dudas en lugar de generarlas. La SSA no cuenta con la información que justifique negarle a miles de mujeres una de las herramientas más reconocidas de prevención.

Algunas otras declaraciones del Subsecretario rayan en lo irresponsable y peligroso, cuando habla de los riesgos de la mastografía. En primer lugar, dice que las radiaciones que una mujer recibe durante la prueba pueden causarle cáncer. Está comprobado que cualquier persona recibe más radiaciones en un viaje de avión. ¿Cuántas mujeres dejarán de realizarse una mastografía gracias al miedo generado por una autoridad de salud? Esto es verdaderamente medieval.

Otro de los riesgos de los que habla es el posible daño psicológico en el caso de un falso positivo, que se da más frecuentemente en grupos de edad menores a los 50 años. Sin embargo, la mastografía no es el único examen. En caso de dar positivo, se realizan otros estudios como ultrasonidos o biopsias para confirmar el diagnóstico. ¿No es preferible pasar por un susto que no detectar un cáncer en una etapa temprana, cuando las posibilidades de tratarlo y curarlo son mayores? Sin mencionar que el dolor y el costo del tratamiento de un cáncer en etapa temprana es mucho menor.

Dijo también: "Tampoco es ético hacer una detección temprana si no existe la capacidad de personal e infraestructura para dar seguimiento y realizar la confirmación diagnóstica."¿Qué quiere decir con esto? Simplemente que para el Subsecretario es más fácil no diagnosticar porque si no después, también tiene que preocuparse por confirmar el diagnóstico y Dios no lo quiera, de ocuparse del tratamiento. Es demasiado trabajo para él.

Es cierto que en nuestro país enfrentamos retos muy serios en este tema. Hay pocos radiólogos calificados, por ejemplo. Pero la solución al problema no puede ser “hagamos menos mastografías”. La solución es capacitar a más y mejores radiólogos. Si hay pocos recursos, hay que conseguir más, pero una norma representa a lo que se van a comprometer nuestras autoridades. Por eso, debe estar basada en las necesidades y no en las dificultades. La norma debe contemplar proteger la salud de las mujeres, no justificar las deficiencias de nuestro sistema de salud descalificando una prueba que se recomienda a partir de los 40 años. ¿Con qué evidencias concretas nos van a convencer de lo contrario? Hasta ahora, yo no las he visto. ¿Las habrá visto el Secretario de Salud, José Ángel Córdova? ¿Dónde está él? ¿Esta enterado siquiera? ¿O está demasiado ocupado preparando su campaña para gobernador de Guanajuato?

Estamos en una carrera contra reloj. Las mujeres con cáncer de mama tienen prisa. La aprobación de la norma está planeada para abril. Simplemente, no podemos permitir que se apruebe tal como está.

La Fundación DARSER, de la que formamos parte, ha estado trabajando mucho para impedirlo. Hemos dado conferencias de prensa para alertar a los medios. Nos hemos manifestado frente a la SSA. Hemos hablado con senadores y diputados. Pero lo que necesitamos es sumar a mucha gente que se quiera unir a la lucha por todas las mujeres de nuestras vidas, sobre todo, las que no tienen recursos y a las que el subsecretario prefiere muertas, pero sin sobresaltos, sin sustos de falsos positivos, sin tiempo ni para darles tratamiento, que es otra responsabilidad que al parecer se quiere ahorrar.

Si estas de acuerdo que las mujeres mexicanas tienen el derecho a una mastografía gratuita a partir de los 40 años y que aprobar una norma que se los niegue es criminal, hazle saber tu opinión al Subsecretario Mauricio Hernández Ávila. Su correo electrónico es: mauricio.hernandez@salud.gob.mx y su twitter, @MHernan_

Su teléfono directo (publicado en la página web de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud) es: (55) 5062-1753. Ojala le llueva una avalancha de peticiones que lo haga reconsiderar.

Chiqui no logró regalarle a sus hijos un año completo, pero estuvo con ellos 8 meses más. Agradezco cada minuto, cada segundo de la vida que compartió con nosotros. Le deseo a todas las mujeres de mi país que puedan regalarle a sus familias el mayor y el mejor tiempo posible. Le deseo al señor Subsecretario el brote espontáneo de una almorrana sangrante.


--- por Martha Soler Mallet @cholechita


Si están interesados, este es un extracto del artículo de Javier Flores “Mamografía - la opinión de las organizaciones médicas” publicado en La Jornada.

Desde 2001 se publicó que el grupo de edad más frecuentemente afectado con cáncer de mama es el de 40 a 49 años; que globalmente las mujeres con cáncer de mama menores de 50 años representaron 45.5 por ciento del total de 29 mil 75 casos analizados del Registro Histopatológico de Neoplasias Malignas en México (Cáncer 2001; 91:863-8), y que la media de edad de las mexicanas con cáncer era de 51 años. En la revisión que hacemos ahora de casos tratados en las instituciones oncológicas de la ciudad de México (Hospital General de México, Instituto Nacional de Cancerología, Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional, Instituto Mexicano del Seguro Social e Instituto de Enfermedades de la Mama) a 10 años de distancia de esa publicación, es evidente que el grupo con cáncer de mama entre 40 y 49 años de edad representa entre 35 y 40 por ciento del total y que se mantiene la misma tendencia.

Sobre la pretensión del proyecto de modificación de la NOM-041 de incrementar la edad para las mamografías en mayores de 50 años, y sólo en casos especiales a las menores de ese rango, las organizaciones médicas señalan:

No hay sustento para tal indicación. Dado que la mujer mexicana desarrolla el cáncer de mama en 40 por ciento de las veces, entre 40 y 49 años, no podemos desproteger a ese segmento de la población, que además por la biología del tumor (evolución más rápida, más difícil diagnóstico por la densidad mamaria) y del tejido mamario, la mayoría de las veces se diagnostican en etapas localmente avanzadas (E-III) con el inherente mal pronóstico. Esto, sin tomar en cuenta que en ese grupo la pérdida de años productivos es mayor (21), con el consecuente impacto económico para el país y donde la afección sociofamiliar es más intensa por la edad de los hijos.

Monday, October 18, 2010

"Querida Chiqui"

Querida Chiqui,

Hace más de tres años que no te veo. No sé con quién se queja uno de esta situación. No hay una ventanilla para hacerlo. No hay un número 01-800 para externar mi inconformidad. Ni siquiera hay alguien que tenga la culpa.

Me acuerdo un día en el que mi abuela, que por cierto ya no veía nada en aquél entonces, luchaba con unas pinzas tratando de sacarle los bigotes y algunos pelos de la barbilla a su hermana. Las dos ya estaban viejitas y al observar sus maniobras, tuve un intenso flash-forward en el que nos vi claramente, yo huyendo con mi andadera y tú detrás, con las pinzas y un enorme espejo de aumento.

Ese era el plan. Ese era el acuerdo entre las dos. Íbamos a estar juntas para obligarnos a usar la dentadura postiza, para cambiarnos el pañal de adulto, para contar un millón de veces las mismas historias a hijos, sobrinos y nietos, para visitarnos y tomar té con piquete, tejer carpetitas con ganchillo, ir al cine y preguntarnos en voz alta de qué va la película, pasear a los perros en el parque, jugar canasta, caminar encorvaditas a misa de 12…

Pero como dice Woody Allen:

“How can you make God laugh? Tell him about your plans”.

El cielo me quedó a deber este final.

Nuestra relación, he de confesar, tuvo un principio algo rocoso. Las primeras palabras que dije cuando te vi fueron: “Mamá, no te lleves a esa niña tan fea a la casa”.

Afortunadamente, mi madre no hizo caso y me OBLIGÓ a aceptar el mejor regalo que alguien me dio jamás:

Mi hermana chiquita.








Primero, fuiste famosa por tu belleza (cabrona). No había hombre que no desfalleciera, ni esperanza de competir contigo para ganar algún novio. Aún en la patética época en que todas intentábamos lucir el peinado de Farrah Fawcett, con atroces resultados, tú te veías chula de bonita.

Aunque eras la chiquita, siempre hiciste todo primero que yo:

- Te bajó la regla primero, cosa que me vino muy bien cuando te fui a buscar a tu cabaña en el campamento, aterrada, adolorida y sin saber qué demonios hacer.

- Manejaste antes que yo (porque simplemente no se me daba, como bien saben varios agentes de seguros).

- El primer beso, primero tú.

- Te casaste primero que la mayor, que en aquella época era una terrible humillación (para la mayor) y una enorme preocupación entre las tías (ridículo, pero cierto).














En fin, eras la chiqui-grande.

Éramos inseparables, o porque nos teníamos agarradas la una a la otra de las greñas, o porque no ha habido dos hermanas que se hayan reído tanto juntas.

Además de querernos con toda el alma, cómo nos caíamos de bien.

Pero un día, se nos atravesó el cáncer en el camino. Fue cuando te hiciste famosa por tu valor.

Yo pensaba “No puede ser cierto. Debe haber algún error. No hay antecedentes de cáncer de mama en nuestra familia. Ninguna tía, abuela, prima. Nadie. Pero bueno. Hoy en día esto se cura. Es una mutilación, es una pérdida, es una tortura para el cuerpo, para el alma. Pero se cura”.

Para mi desgracia y para la de todas las personas a las que tocaste, esto no siempre es cierto. Pero eso sí, mi niña, no te fuiste fácilmente. Luchaste como una fiera, te burlaste una y mil veces de ese rottweiler que no te quería soltar, te caíste, te levantaste, te caíste de nuevo y otra vez, ante nuestros ojos incrédulos, te levantaste cada vez más fuerte…por dentro.








Por fuera, el cáncer ganaba. Por dentro, no te pudo ni tocar. Tu sonrisa, tu espíritu, tu sentido del humor y tu inacabable amor nos hicieron ese terrible viaje más ligero y hoy, siguen vivos y nos susurran al oído todos los días. Pero ya no te puedo ver. YA NO TE PUEDO VER.

Otra de las cosas que tuviste que hacer primero que yo fue morirte, Chiquilina, y eso no estuvo padre. Más te vale que cuando sea mi turno, seas el primer espíritu que me salga a recibir, porque además, ya sabes lo norteada que soy. No me vaya a perder en el túnel de la luz y acabar atorada en algún limbo. Eso me lo debe el cielo, a cambio de tener que sacarme yo misma los bigotes y los pelos de la barbilla.

No pudimos cambiar tu historia, gordita. Y los hubieras ya no sirven más que para torturarnos. “Si hubiéramos detectado esto antes”, “Si hubieran encontrado la metástasis que ya tenías en el esternón”. ¿Qué hubiera pasado? ¿Estaríamos juntas hoy? No pudimos cambiar tu historia, pero puedo tratar de cambiar la mía, la de mis amigas, la de mis conocidas, la de mis desconocidas.

Tú decías que el cáncer era un maestro implacable pero espectacular. Yo sé, porque lo vi, que por absurdo que parezca te transformó en muchas cosas para bien y a nosotros igual. Pero también decías “ojala puedan experimentar en cabeza ajena, ojala puedan aprender a amar la vida sin tener que ver tan de cerca de la muerte, ojala sepan que pueden elegir, en cada momento, ser felices”.

Ojala que las mujeres que lean esta carta se levanten y se hagan un auto-examen en este momento. Ojala que los hombres que la lean le recuerden a las mujeres de su vida que lo hagan. Ojala que tengan más tiempo del que tuvimos juntas tú y yo.









Gracias Chiqui.

Gracias por todos los años de risas, de historias, de viajes, de pleitos y reconciliaciones.

Gracias por tus chinos y tus ojos grandes, y por esa sonrisa que iluminaba el corazón.

Gracias por el milagro de tu fortaleza, tu carácter y el sentido del humor con el que nos escondías tu dolor y tus miedos.

Gracias por esa alegría de vivir que contagiabas a manos llenas.

Gracias por darnos a tu esposo y a tus 3 increíbles niños, y por heredarnos a todos tus amigos y vecinos que nos han llenado de consuelo y apoyo.

Qué regalo fue tu vida mi amor, nuestro amor, amor de tanta gente.

Vuela libre, Chiqui adorada, pero no te olvides de sonreírnos desde allá arriba, para que nos vuelva a salir el sol.

Te quiero y te querré,

Tu hermana mayor/menor Martha.

--- por Martha Soler Mallet @cholechita @estrogeno3

Sunday, October 17, 2010

La autoexploración mamaria puede salvarte la vida. ¡No olvides hacerla una vez al mes!

La autoexploración mamaria es la observación y la palpación que una mujer hace de sus propias mamas. Es conveniente que la realicen todas las mujeres desde su juventud, todos los meses. Cuando la mujer vaya a realizar la autoexploración mamaria debe estar tranquila y relajada.
















El primer paso es realizar la inspección, delante de un espejo.











































Después se realizará la palpación, tumbada con un cojín debajo del hombro. La mano debe estar plana, con los dedos estirados, y con ellos en esta posición se realizara una suave presión de la mama contra las costillas. No debe olvidarse realizar la palpación de la axila.






























- Información obtenida de:

http://sites.google.com/site/cirujanosdealcaniz/informacion-para-pacientes/mama


- Estas imágenes han sido obtenidas de:

http://www.saludalia.com/saludaliaNuevo/interior/animaciones/swf/autoexploracionMamaria.swf
http://consumer.es/web/es/salud/prevencion/2005/04/11/141089.php


- También puede ser util para aprender a realizar la autoexploración consultar:

http://dmedicina.com/multimedia/autoexploracionmamaria.html