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Monday, November 29, 2010

"Las enseñanzas del tío Gus - 3a Parte"

Lección 5

El Panista reapareció en mi celular el sábado y luego el domingo. El martes en la noche también apareció, pero no en el celular sino con una “chica” en un café del barrio. En la mesa de junto (sí, la mesa de junto) había cuatro personas sentadas: dos mujeres y un hombre de 30… y el Panista, a quien por lo que pude leer en su lenguaje corporal, le habían arreglado una cita a ciegas. Claro que éstas solamente son mis conjeturas, porque nunca me paré a preguntarles “¿Disculpen, ustedes ya se conocían o los acaban de presentar?”

Tal vez el encuentro fue coordinado por algún oráculo extraño para que el Tío Gus acabara de reprobarme en mis lecciones pasadas: “Yo no soy un vulgar consejero sentimental – me escribió – como amigo ya te dije cómo piensa el hombre… El [Panista es un] güey, [que] sin saberlo sigue mi consejo. El apunta a un Plan B y lo cuida y lo riega… TÚ ERES SU PLAN B. Usa este ejemplo triste y doloroso para darte cuenta de lo que implica: es un tipo que no te interesa, que tal vez ni siquiera te divierte y de quien no te vas a enamorar en la ching… vida, pero no te da asco. Y que si no tienes otra cosa que hacer le vas a permitir que pague los alimentos y los tragos y el café y te lo vas a encamar solamente si tienes ganas y si él se esmera lo suficiente. Pero lo tratas bien para que no se escape (¡¡¡QUÉ ES LO QUE HACE ESTE TIPO CONTIGO!!!)”

Según el Tío Gus, es necesario contar con dos o tres Planes B para que te busquen y te alimenten el ego. Esto te permite estar en un lugar tranquilo y seguro para buscar tu Plan A. Además, creo yo, esto también impide que nos portemos como aves de rapiña.

El Tío Gus me explica –ya un poco más sereno- que siendo yo el Plan B del Panista, el seguirá llamando para confirmar que todavía estoy a su disposición y/o cuando no tiene nada que hacer. Claro que cada vez que llama, pienso que ya cambió de opinión y he conseguido pasar a ser su Plan A. Mientras tanto, el Panista sigue buscando codornices. Es evidente que prefiere andar dando de bandazos con un indefinido número de mujeres a estar conmigo, pero mientras yo se lo permita, seguirá llamándome para alimentar su narcisismo.

Un buen ejemplo de los efectivos resultados que pueden conseguirse con la técnica del Tío Gus me lo dio mi amiga la Huera. La Huera anduvo dando de bandazos por un lapso de tiempo considerable con uno que otro caballero simpaticón que se encontraba por la vida. Los Planes B, C, D, etc. podían ser tanto el sujeto que conoció en nuestra cantina habitual y le pidió el teléfono, como un acostón con algún individuo del pasado a quien reencontraba en un reventón. Esto sucedía, claro, si la ocasión era propicia y el tío tirable, (porque hemos de reconocer que no todo lo que fue tirable ayer sigue siendo merecedor de nuestras camas hoy.)

Recientemente, la Huera conoció lo que pintaba como un Plan A. Esto es, un hombre con quien tuvo una excelente química de manera inmediata y que además, desde que la llamó por primera vez, le dedicó suficientes atenciones y energías como para sentirse apreciada y codiciada: invitaciones al cine, mensajes de texto, llamadas telefónicas y visitas excitantes a altas horas de la noche. El tipo además era bien parecido, soltero, interesante, ligero, divertido e inteligente. Y por si esto fuera poco, sus encuentros en la cama eran fogosos y muy, MUY satisfactorios (según la Huera.)

En términos del Tío Gus, ambos estaban entretejiendo juntos sus respectivos velos de subjetividad, o sea, la forma de percibir al otro cómo el ser más maravilloso de la tierra independientemente de sus chichis estiradas o su cigarro en la mano. Tristemente el tipo desapareció repentinamente; empezó a llamar con menos frecuencia hasta limitarse a enviar escuetos mensajes telefónicos, canceló citas y fue desvaneciéndose. La Huera estaba devastada. Como muchas de nosotras en muchas ocasiones, no entendía qué había sucedido ni por qué el tipo se había alejado. El ave de rapiña se apoderó de su ser y, como personaje de Sex and the City trasnochado, se preguntaba obsesivamente que habría sucedido con su plan A.

En algún momento, en el transcurso de esta desesperante situación, se cruzó por su camino uno de sus Planes B. El vecino de un amigo con quien había tenido un agradable encontronazo en el pasado. El vecino de su amigo tal vez no era el hombre de sus sueños pero al menos podría saciar su “sed” y levantar su ego herido y desmejorado. A este Plan B, poco a poco, se sumaron el C y el D. La clave estaba, por un lado, en no quedarse encerrada en casa regodeándose en sus heridas y, por el otro, saber aceptar una propuesta decente aunque no fuera LA propuesta. Y si bien el Plan A no funcionó y mi amiga no vivió feliz para siempre con él al igual que la Cenicienta, y si bien de vez en cuando aún lo extraña pensando que es un cabrón hijo de su tal por cual, ha podido divertirse, entretenerse y sentirse bien atendida con sus otros Planes. Bueno, al menos no se queda en casa deprimida los sábados por la noche.

--- Colaboración especial de Juanita Montalbán juanitamontalban@hotmail.com

Monday, November 8, 2010

Las enseñanzas del tío Gus

No sé ustedes. Yo llevo muchos años… muchos… tratando de comprender la mentalidad masculina, y nada más no le atino. Tengo padre, hijo, perro, patrón, asistentes, colaboradores, amigos heterosexuales, amigos homosexuales… Y el mundo de la testosterona me sigue pareciendo un misterio. Después de cada fracaso amoroso suelo pedirle a algún hombre en alguna de las categorías anteriores que me explique donde metí la pata, cómo debo comportarme, qué hago, qué dejo de hacer, pero las respuestas suelen ser:

Del amigo gay: "no eres tú es él."

Del amigo buga: "si somos de lo más simples…"

Del patrón: "a los hombres no les gustan las mujeres fuertes, independientes, inteligentes, agresivas, liberadas, liberales, libertinas… Claro que no a mi…"

Del exnovio: "mi chava sale de México esta semana. Mejor nos tomamos un trago y ahí lo platicamos."

De mi padre: "es que los hombres mijita, somos unos pendejos."


Ninguna de las respuestas anteriores me ha servido para comprender la psicología masculina, mucho menos para saber qué hago y qué dejo de hacer con Ellos. Los Ellos pueden ser terribles, machines o pendejos, como ellos mismos se describen, pero Yo los encuentro encantadores y fascinantes. Mi problema, claro, es fascinarles a ellos también. ¿Han leído esos libros de las mujeres que huyen con los lobos, y los de Marte y las de Venus, y porque los hombres aman a las cabronas? Yo no. Los he visto en Samborn’s, pero me dan tanto miedo como poner un anuncio en match punto com y asumir mis fracasos amorosos.

Por suerte, para mi ventaja y mi sabiduría, recientemente conocí al Tío Gus. El Tío Gus es buga (heterosexual), casadísimo, con hijos, cuarenta y cinco años de experiencia en el tema y sin pelos en la lengua. El Tío Gus, dispuesto a compartir los secretos de su logia, me dio una sorprendente perspectiva de la psicología masculina sin afán de decirme lo que creía que yo quería escuchar. Por primera vez me habló derecho de las pendejadas que yo hago (y que a veces, hacemos todas.)

Decido compartir las enseñanzas del Tío Gus porque me parecieron de gran utilidad, de GRAN utilidad. Y si han estado preguntando (y preguntándose) al igual que yo ¿qué pasa? sin recibir una respuesta satisfactoria, tal vez este manual de la conducta masculina les sirva de algo.


LECCIÓN 1

Para poner las cosas en contexto, su servidora, Juanita Montalbán, 40 años, hijo en la primaria, con trabajo, carrera y todo eso que las mujeres contemporáneas creemos que debemos ser, acababa de terminar con su novio. Segundo intento con un tío de 55, muy serio, muy conservador, de trabajo estable, casa estable e, increíblemente, cuenta de banco estable. El caballero en cuestión, a quien denominaremos el Panista, en el interín entre yo y yo, estuvo un par de años con una chica 25 años menor que él. Y lo mandaron al carajo, entre otras razones, porque la muchachita en cuestión no quería lidiar con sus hijos cinco años menores que ella.

El reencuentro entre nosotros se dio porque el Panista necesitaba un hombro de vieja sobre el cual llorar después de que lo mandaron a la mierda. Me pidió el mío, y se lo presté con toda la intención que también me pidiera el resto del cuerpo y, con el tiempo, mi amor y devoción. El cuerpo de hecho sí me lo pidió. Pero en cuanto acabó de llorar, a la vieja se le salió lo vieja y el Panista, que fue abandonado cruelmente por la chica de 30, siguió buscando otros culitos de 30 para pedirles hombro, cuerpo y devoción.

Desesperada, con lágrimas en los ojos y dos tequilas en el cuerpo, acudí al Tío Gus en busca de algún consuelo:

- No entiendo - y el tío Gus me responde:

- ¿Qué no entiendes?

- Qué chingaos tiene que estar haciendo con una escuincla…

- Si yo me separara de mi mujer Juana, lo cual no está en mis planes, también me pondría a buscar a alguien de 30.

- No jodas, Gus.

- ¿Pero que estás loca? Tienen la piel más firme que tú, y no les cuelgan los brazos.

- Oye, a mí no me cuelgan los brazos, y uso un brasier que me amarra bien las tetas (que después de amamantar están listas para darles la temperatura del piso.)

- Sí, ya me había dado cuenta.

- Que malo eres… Lo van a volver a mandar por un tubo otra vez, con todo e hijos.

- Tal vez, negra. Pero tú no te puedes enganchar ahí…

- ¿Ahí en donde? ¿En su andropausia?

- Mira, Juana, para que un tío esté contigo, tiene que verte a través del velo de la subjetividad, ese que hace que te quieran a ti, sólo a ti y a nadie más que a ti. A pesar de las tetas caídas y de los brazos tintineantes…

- ¡Que a mi no me cuelgan los brazos, carajo!…

- Pues cuídalos, que así sigan. Inviertes en Victoria´s Secrets, que igual ayuda, y además te dedicas a comer lechuga con zanahorias cocidas veinticuatro horas al día. Pero sobretodo, bajo ningún motivo sales a la calle sin maquillaje, ni jeans apretados, ni tacones. Olvídate de los pants y de los tenis y de la ropa cómoda.

- Mijo entra a la escuela a las siete.

- Pues igual te emperifollas a las siete aunque te dé flojera. Pero sobretodo, mi querida Juana, no te atrevas a salir de tu casa sin una sonrisa en la boca. Así se te venga el mundo encima, de tu casa sales con los jeans apretados, un par de tacones, los labios pintados y una sonrisa en la boca.


LECCION 2

- Tío Gus, llamó el Panista…

- Y…

- Nada… Llama, me pregunta cómo estoy, cómo está mijo, cómo va el trabajo, cómo están mis padres, cómo está mi perro, si fui al súper y si fui al gimnasio. Le contesto, le pregunto lo mismo, me responde, me espero a que me diga por qué llama, y nada.

- Ah…

- ¿Para qué llama?

- ¡Olvídalo!

- Pero es que me habla cada ocho días… Todos los sábados, a las dos para ser exactos.

- ¡Olvídalo!

- Cuando yo llamo a alguien, es por algo o para algo. Para vernos, para pedirle un favor, para contarle un chisme… ¿Él para qué llama?

- ¡Qué lo olvides, te digo! Llama, para no quedarse con hambre… Mira, Juanita, los hombres somos cazadores. Siempre hemos sido cazadores, desde los Neandertales. Estamos diseñados para cazar… Pero sólo tenemos cinco balas en el rifle, y como es fácil fallarle a una codorniz, no dejas que se vaya la gallina. Por ahí la guardas, y te guardas dos balas. Tu Panista prefiere comer codorniz, pero por si le fallan las balas, no suelta a la gallina.

No me gustó que me compararan con una gallina, pero me quedé pensando cuantas balas podría cargar en su fusil un andropáusico. En teoría no muchas, pero debía reconocer que el panista venía bien equipado.

- Entonces, si lo que quiere es tenerme agarrada de los huevos, mejor no le contesto…

- No. Le contestas. Pero cuelgas. Le respondes muy bonito, muy civilizada, y también muy civilizada lo mandas a la mierda. Le dices que estás esperando otra llamada o que tienes que ir por tu hijo… A ver, ¿quién terminó la llamada?

- Yo, de hecho me estaba esperando mijo…

- Eso no importa… ¿qué a ti no te enseñaron nada sobre los hombres?

- Es que lo que me dice suena como al estereotipo que…

- Neta que quieres cazar mariposas con una pala. Y para cazar mariposas se necesita una red, no una pala. La pala la agitas y les rompes el crisma. La red la tiras y no sabes si atrapas algo, pero algo atrapas. Así que, mi querida Juanita, ponte a tejer la red.


--- Colaboración especial de Juanita Montalbán. juanitamontalban@hotmail.com

Tuesday, August 17, 2010

"Perritos sin mecate"

En días pasados circuló una especie de "convocatoria" por parte de una residente de la colonia Condesa para envenenar perros que no llevaran correa en los parques de dicha colonia. Escudándose detrás de la salud de sus hijos (sin dar ningún tipo de argumento que lo avale más allá de que "los espantan y ensucian") propuso llevar a cabo lo que llama "El Plan Albondigas de Exterminio" que consiste en colocar albóndigas envenenadas en los parques así como también envenenar el agua de las fuentes. Más allá de que su "propuesta" se me hace barbárica, imprudente y es hasta irresponsable (tanto niños como perros con correa pueden comer o tomar agua de la fuente), denota muy poca tolerancia y falta de cultura. Si bien es cierto que todos los dueños que pasean a sus perros DEBEN hacerse cargo tanto de los deshechos como del comportamiento de los mismos, no es posible que exista gente que considere a las albóndigas de exterminio como solución.

Los dueños de perros que gustan de salir a pasear a sus mascotas deben ir siempre acompañados de una o más bolsitas de papel o plástico para levantar los regalitos que pudieran dejar. También deben ser conscientes de que no a todo el mundo le gustan los animales y no deben permitir que se les acerquen y mucho menos se les suban; esto último es importante porque incluso pueden llegarle a tirar una mordida como reacción a algún tipo de provocación. Por tipo de provocación entiéndase una abeja que le pique o que un niño le jale la cola, entre muchas cosas que pueden suceder. Y es aquí que me parece oportuno presentarles a mis 4 perros:

Celia la negra (Labrador),


la Lola (Yorkshire),


Don Goyo
(Pomeranian)


y Penélope Glamour (Pomeranian):


Siempre que salgo a pasear con ellos lo hago CON correa por un sin fin de razones, la principal es para mantenerlos controlados pues sé que no hay nada que garantice al 100% que no van a salir corriendo atrás de una perrita en celo o que no van a ser atacados por otro perro; la correa me permite acercármelos y cargarlos de ser necesario. Cabe mencionar que son mi adoración y que me moriría si algo les pasara. Y no necesito de las amenazas de una loca desmecatada, psicópata y fascista para que me preocupe la seguridad de mis canes ¡ahora resulta que ni el agua de la fuente van a poder tomar sin el peligro de ser envenenados! Si de por sí me da miedo salir a la calle, ahora me da miedo salir a la calle con mis perros a caminar. No puede ser. México tiene muchos problemas como para que además entre la ciudadanía se den este tipo de acciones nacidas de la intolerancia. Y justo aquí es donde quería llegar: la intolerancia que estamos experimentando. Intolerancia a las mascotas de los unos, hacia los hijos de los demás, al coche de a lado, al policía del cruce, a la recepcionista, al valet parking, al viene-viene, a la cajera del banco, al ejecutivo de cuenta, al cerillo, a la señorita del call-center, a los del equipo contrario,... a todo y todos con los que nos topamos durante el día (y parte de la noche).

Otro ejemplo es el de los matrimonios gays. Pareciera que la gente que gusta del mismo sexo tiene "algún origen diferente y desconocido que el de los heterosexuales" (@lezorrillo dixit). Pareciera que una pareja de homosexuales no es capaz de ser gente honorable y decente, que no puede ser depositario de la confianza del estado para cuidar, alimentar, vestir, educar y, por sobre todas las cosas, amar a un pequeño sin familia. ¡Qué triste! Qué pequeño debe ser el corazón de aquel que no es capaz de entender que lo que un niño necesita y recibe no lo determina la preferencia sexual de una pareja. A esas personas les pregunto ¿cuántos padres heterosexuales maltratan a sus hijos a veces con golpes físicos, otras con verbales? Lo lamento, no podemos vivir en el medioevo, creyendo que sólo existe una verdad y que sólo nosotros somos dueños de ella.

Si seguimos en este camino bardeado por la intolerancia hacia los demás, no podremos ver la inmensa y diversa belleza de lo que nos rodea día a día.

Digamos y actuemos, no a la intolerancia.


--- por Ana Patricia Castañeda G. @GranComandante @estrogeno3