Friday, December 24, 2010

Las Enseñanzas del Tío Gus - Lección No. 6

Mi amiga la Huera, a pesar de tener unos cuatro ó cinco planes B, sigue esperando la llamada del desaparecido Plan A que se mencionó en la lección 5; el hombre que la conmovió recientemente y después de mucho tiempo de no haber sido conmovida. Tal vez las alternativas han ayudado a amortizar el dolor del abandono, pero lo cierto es que ni el vecino de 30, ni su entrenador del gimnasio, ni el ricachón con mercedes ni un exnovio de la prepa, le han borrado la tristeza y el enojo ocasionados.

La situación de la Huera me hizo pensar que tal vez las cuarentonas ya no estamos diseñadas para planes B. Nos falta paciencia, nos sobran trabajo y cuentas por pagar. Tomando esto en consideración, decidí darle un giro de tuerca a la técnica del Tío Gus y hacer del Panista un plan intermedio mientras mis emociones y mi autoestima me lo permitieran. Y a pesar de que la metodología (como vimos en la lección 5) indicaba claramente NO contestar sus llamadas, el sábado que siguió a nuestro encuentro providencial con su cita a ciegas en el café del barrio, tomé el teléfono después de tres llamadas de las de las 2:30 p.m., y le pedí que nos fuéramos a tomar un trago.

Probablemente el Panista sea de los pocos hombres en el mundo a quienes hay que aclarar que para ir a tomar un trago no es necesario tomarse el trago. Fue por esto que tuve que obviar mi deseo de ir al hotel de la Roma donde solíamos encontrarnos en nuestra primera vuelta. Y lo que me permitió también, o nos permitió a los dos, aparentemente, cambiar las reglas del juego y proponer un Plan B. El hombre con quien, según el Tío Gus, no puedo contar de manera constante ni considerar parte de mi cotidiano ni construir planes a mediano o largo plazo (ni para la próxima semana ni para el próximo año), pero con quien puedo salir a cenar uno que otro sábado y echarme una canita al aire.

Debo admitir que el nivel de participación del Panista superó por algunas semanas los encuentros casuales y/o sin compromisos que lo clasificarían como plan B: llamaba y nos veíamos más o menos dos veces a la semana, y algunos encuentros inclusive incluían a sus hijos o a mis cuates, lo cual considero ya algo comprometedor… Pero, y ahí está el meollo del asunto, eran solo “ciertos rasgos”, porque también cancelaba citas en el último minuto por las razones más pueriles. Y si yo cometía el craso error de buscarlo, es decir de tomar la iniciativa para encontrarnos, recibía respuestas que oscilaban entre el rechazo y la indiferencia.

El Tío Gus, como pudimos ver en la lección 5, se oponía rotundamente a que llamara al Panista para cenar, coger o lo que se pudiera ofrecer. Pero ante la contundencia de los hechos –Juanita ya estaba viendo al Panista con cierta frecuencia-, optó por enseñarme como proceder tomando en consideración lo ambiguo de mi situación. Esto fue lo que llamó “el póker del Amor”.

Hasta lo que pude entender ya que yo no sé jugar póker, el Tío Gus me decía que, si no eres un gran tahur, tal vez apuestas todo tu dinero en la primera mano porque tienes muy buenas barajas. Esto es, tu atención está en una ronda y no en todo el juego. Sin embargo, un buen apostador se concentra en toda la partida y procura dentro de lo posible no revelar su estrategia. De la misma manera, yo debía de proyectar mi juego con mi plan AB (o sea el Panista) para que durara más de una ronda: de barajas o de tragos o de llamadas telefónicas. Debía aprender la técnica antes que actuar según el instinto, mantener cierta frialdad ante las situaciones, poner cara de idem y observar con atención el juego del otro. Esto es, no actuar hasta conocer tanto sus cartas como su manera de jugarlas.

El ejemplo surgió ya que después de dos semanas de cine teatro cama y cena con el Panista, lo invité a casa de su servidora a una pequeña reunión a la cual no asistió. El Tío Gus preguntó por él y al escuchar mi respuesta -"está trabajando"- comentó que tal vez no debía haberlo invitado, que me mostraba y mostraba mis cartas demasiado pronto. En otras palabras, yo no debía abrir NINGUNA baraja hasta que entendiera con claridad como venía el juego del Panista.

Como dije antes, no sé jugar póker, y lo que me sugería el Tío Gus me molestaba y me incomodaba: ¿porque no había de llamar al Panista si tenía ganas de verlo? ¿O invitarlo a una reunión? Claro que así mis barajas quedaban al descubierto y perdía lo ganado la ronda anterior. Que fue lo que acabó sucediéndome. ¿Dónde se encontraba mi error principal como jugadora, si trato de analizarlo a posteriori?

Yo asumo que si el panista descarta un ocho de corazones es porque le apuesta a las espadas o a los tréboles. Pero tal vez el panista solo está “blofeando”, y tengo que observar como juega con más detenimiento para saber si realmente no le sirven ni los ochos ni los corazones. Esto es, no puedo asumir ni que barajas tiene ni cual es su estrategia sino hasta después de varias rondas. Sin embargo yo, principiante en los juego de baraja e incipiente en los juegos del amor, doy por sentado que si me acompañan a UNA fiesta puedo pedir que me acompañen a TODAS las fiestas, y que si me llaman tres veces a la semana me van a seguir llamando SIEMPRE tres veces por semana. Y en cuanto esta expectativa se frustra, me frustro yo, se desfigura mi cara de póker y afloran los reclamos, maldición divina del estereotipo femenino. La única forma en la cual puedo no engancharme con este maligno estereotipo es mantener la calma; no abrir mi mano hasta que pueda establecer un patrón de conducta en el juego del otro.

Fue por eso que decidí analizar como me estaba yendo en el partido. Y el resumen del juego de póker que procedió a la clase con el Tío fueron una semana en la cual el Panista se desapareció porque yo soy una berrinchuda (de hecho, lo soy), dos fiestas de amigos míos a las cuales él atendió estoicamente, tres cenas-tragos entre semana iniciativa de él, un rechazo a una invitación iniciativa mía, y tres cancelaciones a tres citas distintas (por razones diversas.) 5 puntos a favor y 5 en contra. De más está decirles que me URGE aprender a jugar póker para salir de esta ambigüedad. Y como no se está jugando con las cartas abiertas, mi propósito de año nuevo, queridos lectores, es observar y callar y estudiar con atención la técnica de juego de los otros jugadores.

--- Colaboración especial de Juanita Montalbán ( juanitamontalban@hotmail.com )

Friday, December 17, 2010

Irene

Tengo la imperante necesidad de hablar con los desconocidos. No me pregunten por qué pero me entusiasma sobremanera conocer la vida, las historias, las anécdotas de gente que ni conozco. En todo momento y lugar pareciera que me "brincan encima" las oportunidades para acercarme a alguien y comenzar a charlar sin más ni más. En este pasatiempo me encuentro con personas interesantísimas y, por sorprendente que parezca, casi todas estas interacciones me han dejado algo enriquecedor, algo que ha contribuido de una u otra manera a mi vida. El encuentro que les relataré es particularmente especial.

Me encontraba caminando por una de las calles de la ciudad de México que está muy cerca de mi casa por lo que la he recorrido más de treinta veces. Hacía algunas semanas que no pasaba por ahí, y me llamó la atención un restaurante nuevo de comida oaxaqueña (para quienes no lo sepan ésta es una de las comidas más ricas de mi país) así que me detuve a ver el menú. Una vez que terminé de revisar la deliciosa variedad de platillos levanté la mirada y mis ojos se toparon con los de ella. Irene estaba detrás del mostrador de la tiendita de artesanías oaxaqueñas colocada a un lado del restaurante. Como es mi costumbre sin vergüenza alguna entré a la tienda y, con la confianza que su sonrisa me brindó, comencé a platicar con ella. Qué poquito sabía del impacto que este encuentro tendría en mi.

Escribir sobre Irene comprende la labor de resumir en una mil y un historias. Todas y cada una de ellas son perlas de sabiduría, por lo que vale la pena comenzar a contarlas una a una.

Irene es una indígena zapoteca de la Sierra de Oaxaca (México). Es una mujer empresaria, madre de una pequeña de 11 años, que se abre paso día a día en la ciudad más grande del mundo. Hoy, Irene no sólo cuenta con la responsabilidad de sacar adelante tanto a su niña como a su negocio, la tienda de artesanías oaxaqueñas, sino que además se da a la labor de apoyar a diversos grupos de mujeres indígenas de la sierra. Pero no todo fue siempre así.

Irene llegó a la Ciudad de México a los 12 años. Estaba descalza, no hablaba español y lo único que tenía era una caja de cartón atada con mecate a la cintura donde guardaba sus pocas pertenencias. Llegó a casa de un adinerado español quien le permitió vivir ahí y recibir educación académica básica. Con dicha familia Irene aprendió el idioma español, a leer y escribir y por lo tanto los recuerda con profunda gratitud y cariño. Como la gran mayoría de las mujeres latinoamericanas, tenía la ilusión de encontrar y experimentar el amor de pareja, un hombre con quien compartiría su vida, sus sueños y logros. A los 25 años parecía que lo había encontrado: un hombre poco mayor que ella que la hacía sentir especial, que la quería o por lo menos eso era lo que ella pensaba. Se enamoraron y finalmente se casaron. Poco duró la felicidad, desde el primer día el marido (cuyo nombre Irene omitió) la agredió. Primero fue de manera verbal, utilizando palabras altisonantes y denigrantes. Posteriormente el maltrato pasó de la grosería a la brutalidad física: empujones, apretones que le dejaban moretones en brazos, muñecas y piernas, golpes con la mano abierta y cerrada día tras día tras día. Debido a dicha agresión Irene no permitía, con justa razón, ningún tipo de acercamiento íntimo. Fue ahí que comenzaron las violaciones por parte de su marido. Como ella misma lo expresa "a su lado todo era a la fuerza".

El problema no quedó sólo ahí. Su entonces pareja, presa de las adicciones, sus propias frustraciones y la ignorancia, generó tal desequilibrio en la familia que ésta comenzó a afectar a su hija. Irene cuenta con tristeza y dolor cómo la pequeña se refugiaba en su cama, con la carita y los ojos tristes, tratando de mantenerse aislada de tanta violencia. No fue hasta que la niña comenzó a mostrar signos de amargura que Irene comprendió que los golpes que ella recibía no los recibía por sí sola. Un día cuando su hija tenía 6 años el papá también agredió a la pequeña. En ese momento, vio con desesperación que tenía que hacer algo para proteger a su nena y acabar de una vez por todas con esa terrible situación.

Buscó ayuda en un organismo gubernamental (INMUJERES) y la encontró en una psicóloga que, en palabras de Irene, la hizo despertar. "Tú no eres una mujer de decisiones" le dijo. "Todo lo que te está ocurriendo se responde con una sola pregunta ¿qué quieres para tu vida? ¿Qué es lo que quieres para tu hija? Respóndete a ti misma ¿qué quieres? En la respuesta encontrarás la solución a tus problemas. Si tú no quieres seguir viviendo así, toma la decisión de terminar con esta relación y hacer que tu vida florezca y sea tal como quieres que sea." Parecería que la respuesta vendría de la mano con la solución, sin embargo Irene relata cómo tuvo que vencer antes que a su marido al enemigo más grande de todos: EL MIEDO. El miedo a lo desconocido, al prejuicio y al juicio de los demás, el profundo temor al fracaso y a la soledad. Ese miedo que paraliza, que acorrala el alma y con ella al cuerpo y nos ata a vivir situaciones y experiencias más allá de lo sano y lo coherente. Sin embargo, fue el amor propio, la dignidad, el amor y la responsabilidad con su hija lo que le hicieron dar ese primer gran paso.

Como ella lo relata, no fue una labor sencilla y vencer el miedo no fue lo más difícil. No sólo tuvo que abandonar el departamento que habían comprado en conjunto para comenzar a rentar; se quedó sin automóvil, sin ahorros, sin lujo alguno. Tuvo que atravesar por una terrible depresión, de la cuál poco entendía y que aun con ayuda profesional recuerda como una pesadilla. Sin embargo, lo que para ella fue la labor más compleja fue la de PERDONAR. Primero y antes que a nadie, a sí misma por haberse permitido vivir durante tantos años el abuso por parte de su pareja. Para Irene comprender su propia responsabilidad en todo lo acontecido fue devastador y a la vez liberador. Tuvo que hacer uso de todo su corazón y valentía para reconocer que había estado dormida durante los años que su exmarido abusó de ella. Y lo que fuera perturbador en un principio se convirtió en un acto liberador que le permitió reencontrarse consigo misma y rehacer su vida, tal como ella la quería.

Hoy por hoy, Irene se enfrenta a los retos con entusiasmo y, ¿por qué no decirlo?, con cierto orgullo. Ella es una mujer digna, fuerte, valiosa y valiente. Su meta más grande es darle a su pequeña hija educación amorosa y coherente para convertirla en un ser humano de bien y en quien se pueda confiar. En sus hermosos ojos cafés no hay rastros de amargura, miedo, dolor o autocompasión. "Somos portadoras de amor" me dice refiriéndose a las mujeres "y como tales, contamos con inagotable capacidad de crear un mejor futuro para los pequeños. Esa es nuestra principal responsabilidad."

Irene desea compartir su historia con el sueño de que las mujeres DESPERTEMOS. Despertemos al ilimitado potencial de nuestras propias vidas. ¿Cómo? Haciéndonos responsables por lo que ocurre en ellas.

Esta es una de las tantas perlas de sabiduría que Irene tiene para compartirnos, tan sólo una.

--- por Ana Patricia Castañeda García @GranComandante @estrogeno3

Thursday, December 9, 2010

De colores

Recordando cómo nos divertíamos de niños con los libros para colorear y con motivo de las fiestas decembrinas se nos ocurrió regalarles un: "Gran Comandante para colorear."


Instrucciones:

1) Haz click con el lado derecho de tu mouse y salva la imagen blanco y negro de El Gran Comandante.
2) Si cuentas con lápices de colores, crayolas, acuarelas, etc., imprime la el .jpg y coloréalo a tu antojo.
3) Si cuentas con Photoshop, date gusto coloreando a El Gran Comandante, ponle bigotes, agrégale pecas o simplemente trata de igualar la foto original.

Incluimos la fotografía original sólo como referencia pero el chiste es que te diviertas, como hace años, coloreando a tu antojo.

Invitamos a aquellos que sean más atrevidos o artísticos a que nos manden sus dibujos a:
contact@estrogeno3.com

¡A rellenar la vida de colores y pasen unas felices fiestas!

Les compartimos los realizados por Peyo Sugranes, el Señor Fox, Juan Pablo Manazza y José Brousset. ¡Verdaderas obras de arte!

(Peyo Sugranes)
(Señor Fox)
(Juan Pablo Manazza)

(José Brousset)


¡Nos encantaron! Muchas gracias.

Monday, December 6, 2010

Are we oversharing?

El otro día tuiteando tonterías como siempre, después de un par de tuits con un tuitero que ni siquiera yo seguía, él me pregunta directamente por mi hijo. Le contesté y después me quedé helada, sobra decirles el nivel de paranoia en el que entré: ¿quién es esta persona que me pregunta por mi hijo? ¿Sabe que tengo un hijo, sabe mi nombre y si hace un par de searches sabe casi todo lo que quiera de mi vida? Miedo a full, las imágenes e historias de secuestros en el país me pasaron por la mente.

Después pensé también en como en Twitter en cosa de minutos una tuitera fue ayudada en una emergencia o como se logró que no se aumentara el impuesto a Intrnet, por medio de la campana #internetnecesario, también me acordé como muchos se preocuparon y fueron ayudar cuando incendiaron parte del Bosque de Chapultepec “para salvar unos perros”.

Me empecé a tranquilizar… pensé… “este tuitero también es una persona que dado que sabe que tengo un nene y porque me ha seguido ya de algún tiempo conoce algo de mi vida” ¿podría ofrecerme el trabajo de mi vida? ¿Podría ayudarme en una emergencia? ¿Podría ser a la larga alguien que se convierta en un verdadero amigo?

Las dos cosas pueden ser, pero tiendo a creer que de la primera no son salvamos ni dejando de usar FB y TW y que existen muestras de que en la comunidad de Tw México a pesar la de las bromas, los trolleos y los insultos que pasan a diario por los TL existe solidaridad y consciencia y de cierta forma me regresan un poco la confianza en la gente.

Hace rato que vengo diciendo que si le pusiéramos nuestos “@arrobas” a las puertas nuestros coches (así como logos de empresa) seguramente el transito y la violencia en el manejo disminuirían. ¿Qué opinan?

--- por Lorena Pablos L. @lezorrillo @estrogeno3

Thursday, December 2, 2010

Diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres

En la búsqueda para entenderlos a ellos y que ellos nos entiendan a nosotras, encontramos este video que nos pareció ¡maravilloso! El Dr. Mark Gungor explica las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres. Se evitarán muchos pleitos y malos entendidos, créanos.

video

Esperamos les guste y nos ayuden a compartirlo.

Monday, November 29, 2010

"Las enseñanzas del tío Gus - 3a Parte"

Lección 5

El Panista reapareció en mi celular el sábado y luego el domingo. El martes en la noche también apareció, pero no en el celular sino con una “chica” en un café del barrio. En la mesa de junto (sí, la mesa de junto) había cuatro personas sentadas: dos mujeres y un hombre de 30… y el Panista, a quien por lo que pude leer en su lenguaje corporal, le habían arreglado una cita a ciegas. Claro que éstas solamente son mis conjeturas, porque nunca me paré a preguntarles “¿Disculpen, ustedes ya se conocían o los acaban de presentar?”

Tal vez el encuentro fue coordinado por algún oráculo extraño para que el Tío Gus acabara de reprobarme en mis lecciones pasadas: “Yo no soy un vulgar consejero sentimental – me escribió – como amigo ya te dije cómo piensa el hombre… El [Panista es un] güey, [que] sin saberlo sigue mi consejo. El apunta a un Plan B y lo cuida y lo riega… TÚ ERES SU PLAN B. Usa este ejemplo triste y doloroso para darte cuenta de lo que implica: es un tipo que no te interesa, que tal vez ni siquiera te divierte y de quien no te vas a enamorar en la ching… vida, pero no te da asco. Y que si no tienes otra cosa que hacer le vas a permitir que pague los alimentos y los tragos y el café y te lo vas a encamar solamente si tienes ganas y si él se esmera lo suficiente. Pero lo tratas bien para que no se escape (¡¡¡QUÉ ES LO QUE HACE ESTE TIPO CONTIGO!!!)”

Según el Tío Gus, es necesario contar con dos o tres Planes B para que te busquen y te alimenten el ego. Esto te permite estar en un lugar tranquilo y seguro para buscar tu Plan A. Además, creo yo, esto también impide que nos portemos como aves de rapiña.

El Tío Gus me explica –ya un poco más sereno- que siendo yo el Plan B del Panista, el seguirá llamando para confirmar que todavía estoy a su disposición y/o cuando no tiene nada que hacer. Claro que cada vez que llama, pienso que ya cambió de opinión y he conseguido pasar a ser su Plan A. Mientras tanto, el Panista sigue buscando codornices. Es evidente que prefiere andar dando de bandazos con un indefinido número de mujeres a estar conmigo, pero mientras yo se lo permita, seguirá llamándome para alimentar su narcisismo.

Un buen ejemplo de los efectivos resultados que pueden conseguirse con la técnica del Tío Gus me lo dio mi amiga la Huera. La Huera anduvo dando de bandazos por un lapso de tiempo considerable con uno que otro caballero simpaticón que se encontraba por la vida. Los Planes B, C, D, etc. podían ser tanto el sujeto que conoció en nuestra cantina habitual y le pidió el teléfono, como un acostón con algún individuo del pasado a quien reencontraba en un reventón. Esto sucedía, claro, si la ocasión era propicia y el tío tirable, (porque hemos de reconocer que no todo lo que fue tirable ayer sigue siendo merecedor de nuestras camas hoy.)

Recientemente, la Huera conoció lo que pintaba como un Plan A. Esto es, un hombre con quien tuvo una excelente química de manera inmediata y que además, desde que la llamó por primera vez, le dedicó suficientes atenciones y energías como para sentirse apreciada y codiciada: invitaciones al cine, mensajes de texto, llamadas telefónicas y visitas excitantes a altas horas de la noche. El tipo además era bien parecido, soltero, interesante, ligero, divertido e inteligente. Y por si esto fuera poco, sus encuentros en la cama eran fogosos y muy, MUY satisfactorios (según la Huera.)

En términos del Tío Gus, ambos estaban entretejiendo juntos sus respectivos velos de subjetividad, o sea, la forma de percibir al otro cómo el ser más maravilloso de la tierra independientemente de sus chichis estiradas o su cigarro en la mano. Tristemente el tipo desapareció repentinamente; empezó a llamar con menos frecuencia hasta limitarse a enviar escuetos mensajes telefónicos, canceló citas y fue desvaneciéndose. La Huera estaba devastada. Como muchas de nosotras en muchas ocasiones, no entendía qué había sucedido ni por qué el tipo se había alejado. El ave de rapiña se apoderó de su ser y, como personaje de Sex and the City trasnochado, se preguntaba obsesivamente que habría sucedido con su plan A.

En algún momento, en el transcurso de esta desesperante situación, se cruzó por su camino uno de sus Planes B. El vecino de un amigo con quien había tenido un agradable encontronazo en el pasado. El vecino de su amigo tal vez no era el hombre de sus sueños pero al menos podría saciar su “sed” y levantar su ego herido y desmejorado. A este Plan B, poco a poco, se sumaron el C y el D. La clave estaba, por un lado, en no quedarse encerrada en casa regodeándose en sus heridas y, por el otro, saber aceptar una propuesta decente aunque no fuera LA propuesta. Y si bien el Plan A no funcionó y mi amiga no vivió feliz para siempre con él al igual que la Cenicienta, y si bien de vez en cuando aún lo extraña pensando que es un cabrón hijo de su tal por cual, ha podido divertirse, entretenerse y sentirse bien atendida con sus otros Planes. Bueno, al menos no se queda en casa deprimida los sábados por la noche.

--- Colaboración especial de Juanita Montalbán juanitamontalban@hotmail.com

Thursday, November 25, 2010

"El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer"

¿No les parece un título difícil de recordar como para tan importante fecha? Las otras fechas importantes siempre cuentan con un título de una o dos palabras a lo mucho: Navidad, Thanksgiving, Hannuka, San Valentín...

Sin embargo, el 25 de noviembre fue nombrado por la ONU como el "El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer" y no se nos debe olvidar, ni ese ni otro día pues la mujer es el núcleo de la sociedad. Es el primer punto de contacto que cada humano tiene con la humanidad misma. Al lastimar a la mujer, al agredirla y hacerla menos, se atenta contra la sociedad, contra sus fundamentos más básicos y necesarios. La violencia de género hiere al núcleo familiar. Al ser herido el núcleo, la familia se desquebraja de adentro hacia afuera y comienza el deterioro social.

Debemos educar y re-educar, educar a niños y jóvenes y re-educarnos a nosotros mismos. Debemos hacernos conscientes de que es en la mujer donde la sociedad encuentra la sensibilidad, la compasión que el mundo tanto requiere. Por ello, proponemos que este, mañana, pasado y todos los días sean los días internacionales para la eliminación de la violencia contra la mujer.

Di No a la Violencia de Genero.

--- por Ana Patricia Castañeda @GranComandante @estrogeno3

Thursday, November 18, 2010

“Necesito espacio” y otras frases que significan “Next…”"

La caballerosidad del hombre latino es maravillosa, pero tiene, como todo, sus desventajas. Una de ellas es que cortar con una mujer generalmente les parece una tarea desagradable y poco galante. En su lugar, muchos prefieren buscar estrategias alternativas cuyo objetivo final es hacer un fade- out más decoroso y políticamente correcto. Una conocida táctica es la de “necesito espacio”.


Necesito espacio es una frase brillante. No le pone punto final al asunto, pero le da permiso a quien la propone de desaparecer de la vida de su pareja sin recriminaciones ni demasiado llanto, porque deja abierta la truculenta puerta de la falsa esperanza. Las razones para necesitar espacio son verdaderamente infinitas y pueden incluir el estrés laboral, la crisis existencial de los 40, cursos de introspección y auto-descubrimiento, la recomendación profesional del psicoanalista, la oportunidad de tomarse unos años sabáticos y hasta la sospecha de una enfermedad infecciosa potencialmente mortal. Créanme cuando les digo, mis queridas estrógenas, que “necesito espacio” quiere decir, más literalmente, “necesito ser libre….de ti”.

Recuerdo la última vez que escuché esa frase. Mi ex novio (nótese especialmente lo de EX) tomó mi mano suavemente y con una expresión de consternación dijo estar preocupado porque me veía más clavada a mi de lo que estaba él. Después de mucha reflexión, consideraba que quizá para salvaguardar la integridad de mi corazón, sería recomendable darnos un espacio en el que se me pudiera bajar un poco el afecto, que ya lo tenía tan presionado, al pobre. Es de recalcar el twist que le dio a su planteamiento, porque a pesar de que lo que en realidad quería era huir presuroso, le dio el enfoque creativo de que lo que más le preocupaba era no acabar haciéndome sufrir. (Ay, qué lindo).

Afortunadamente para mi, esta era la vigésima octava vez que escuchaba semejante sarta de estupideces. Ya con las horas nalga invertidas esperando junto al teléfono una vez concluida la tregua para descubrir que el galán ya estaba comprometido con otra, sabía perfecto que esta negociación no era del todo favorable para mi.

En un arranque de claridad y sabiduría, le dije que de la puerta de mi casa para afuera, había una barbaridad de espacio y que podía tomárselo todito. Le dije que el punto de tener pareja es pasarla padre y no sentir el yugo de la presión. Le dije que tampoco estaba taaaaan clavada (aunque sí estaba, para qué les miento) y que pronosticaba una prontísima recuperación emocional. Le dije que lo acompañaba a la salida. Y ahí, para su descontrol, le cambié la jugada de tal forma que de repente, ya no quería tanto espacio, nomás poquito. Unas horas a lo más. Tal vez en lo que iba por un café y regresaba. Pero el daño estaba hecho. Ya habían salido de su boca las palabras que aprendí a decodificar como:

“No me llames tú (porque, invades MI espacio). Te llamo yo…..(ahí cuando tenga un espacio).

Mi punto es que las medias tintas son el caldo de cultivo de nuestra perdición. O estás, o no estás. Es mejor terminar que poner plazos para posponer nuestra vida, mientras ellos siguen con la suya.

Otras frases que significan “se acabó” son:

  • No eres tú. Soy yo (que acabo de conocer a la Cuquis Garabatillo y se cae de buena).
  • Voy a estar trabajando día y noche una larga temporada (en cosas de vital importancia, como mejorar mi juego de golf).
  • Quiero ver si te extraño (porque no creo, chula).
  • Voy a esperar hasta poder ofrecerte un futuro (porque el presente como que no me está divirtiendo).


Chicas, aprendamos a oler el bullshit. No es agradable pero eso sí, nos acaba impulsando a buscar el aroma del perfume. He dicho.


--- por Martha Soller Mallet @cholechita @estrogeno3

Friday, November 12, 2010

Las enseñanzas del tío Gus - 2a Parte

Lección 3

- Pareces chivo en cristalería, Juana. ¿Quién te manda a decir todo lo que piensas de buenas a primeras? A ver, ¿quién te manda?

- Pues para que se sepa si va o no va, Gus. Ya ves al Gringo. Mi primer cigarro lo vio el día que lo conocí. Y luego se la pasó quejándose porque fumaba, como si yo le hubiera tomado el pelo.

- Mira que el gringo por eso anda más solo que un dedo. Pero tú andas por ahí encuerándote, opinando de todo, contando vida y milagros de Juanita Montalbán de buenas a primeras. No les has acabado de enseñar los brazos de gimnasio cuando ya les dijiste que sin brasier las tetas se te van al suelo. Y ni siquiera han tenido el chance de desabrocharlo.

- Esto es lo que hay, Tío. Lo toman o lo dejan.

- Lo van a dejar, Juana, y te vas a quedar igual que el gringo. ¿Tú fabricas muebles, no?

- Sí.

- Y si yo llego a comprarte muebles, me vas a decir que tu mueble es el de la MEJOR calidad, pero seguro no me dices que es más caro que el de la competencia.

- ¿Pues qué, tú quieres que quiebre?

- No, negra. La que quiere quebrar eres tú. No con los muebles, con los hombres. ¿Por qué un hombre ha de escoger estar con una mujer que anda mostrando los problemas de la mercancía en la primera página del catálogo? Yo te conocí con el gringo, y él fue un idiota por andar reclamando que fumaras. Pero tú, además del cigarro, sacaste el historial de ex-novios, más el historial de problemas con los exnovios, más el historial de problemas con la familia, más el resto de los historiales, a la menor oportunidad.

- Ya lo dije: es lo que hay.

- Si el gringo o cualquier otro galán fueran posibles clientes para tu negocio les llevarías un catálogo con lo mejor de tu mercancía… Los historiales guárdalos para después. Así como el mueble que vendes es real, también es real mostrar lo mejor de ti en tu catálogo. Los brazos de gimnasio, la sonrisa y las tetas, con el brasier bien amarrado. No les muestres lo que no te están pidiendo ver. No les des la información que no te soliciten.

- Sí, claro, calladita me veo más bonita, ¿verdad?

- No. No te estoy diciendo que no hables, sino que no hables DE MÁS. Está bien que cuentes tus chistes tontos. Ojala y se rían. Pero no rebeles tu larga lista de problemas, animadversiones, grillas, exnovios... Hay una fumadora con carácter de miedo. Pero también tiene los brazos duros y sentido del humor. Eso enseñas. Lo demás deja que ellos lo averigüen a su tiempo.

- Pero eso es decir mentiras, Gus.

- No, Juana. Es sacar el catálogo. Si el cliente reclama después, ya que sea tu comprador, entonces como tú misma lo dijiste, ves como llegan a algún acuerdo. Ese, el velo de la subjetividad, hay que colocarlo frente a los ojos masculinos. Y con el velo frente a los ojos nuestros vicios quedan velados, válgame la redundancia.

Pensé en dejar de fabricar de muebles para producir velos… pero esos no pagan la colegiatura.


Lección 4

Entre velos y redes el Tío Gus me puso pinta y pareja al leer mis conclusiones de la 2ª lección.

- ¡Es que no entendiste nada negra! ¡Tú no sales a cazar! Te pintas las alas bien bonitas y revoloteas como quien no nada busca.

- Entonces ahora sí que me vas a regañar, porque llamó el Panista, y lo invité al cine.

- ¿Y?

- Nada, fuimos al cine. Con su primo y una amiga mía.

- ¿Y después?

- El primo le pidió a mi amiga su teléfono.

- ¿Nada más?

- Nada más.

- Bueno, al menos alguien sacó algo de provecho. Tu amiga sí sabe ser mariposa. Ponle atención.

- Necesitaba energía masculina. Una que no fuera de mi padre ni de mi hijo ni de los esposos de mis cuatas ni de mis cuates, ¿entiendes?

- Si no te digo… Por eso siempre debes de tener un plan B. Sobretodo si te llama.

- Genial, no tengo un plan A y quieres que tenga un plan B.

- Invéntatelo. Le dices que ya tienes algo que hacer aunque no tengas nada que hacer.

- Pero, Gus, yo sí quiero tener algo que hacer. Cine teatro baile o cena, lo que sea. Inventarle un plan B es patético. Enfatiza el hecho de que, en efecto, no tengo ningún plan.

- La bronca con ustedes las mujeres es que cuando encuentran un posible merecedor de sus afectos generan tantas expectativas que la vida cotidiana les parece vulgar. Y la energía que desprenden es como de aves de rapiña. Si el dueño de sus pasiones es el plan A cualquier prospecto "tirable" puede funcionar como plan B. En lo que llega el plan A (y por favor elimina al Panista de la lista) aprende a construir un plan B de manera inteligente y certera, como serpiente, no como ave de rapiña.

- ¿A qué te refieres con moverse como serpiente? ¿Arrastrarse, enroscarse y luego morder?

- ¡Por eso no tienes ni un plan X! Me refiero a conducirse con sigilo y con astucia, no con fuerza. Debes seducir y hacerle creer al sujeto en cuestión, esto es a cualquier sujeto "tirable", que es maravilloso. Nosotros necesitamos esa atención, y tú debes esmerarte en este proceso, ya que este trabajo rendirá frutos y servirá para perfeccionar la técnica. Tienes que cautivar a todos los "tirables", inclusive si son "tirables solo media borracha". Así se construye el plan B.

Después del cine el Panista cesó sus llamadas de los sábados a las 2:30 pm. Tampoco llamó a las 6, ni el martes, ni dos semanas después. Seguro conoció una muchachita de 30, alguna codorniz, golondrina o guajolota. Y yo me quedé como la gallina que describió el Tío Gus, sin plan A ni B ni X.


--- Colaboración especial de Juanita Montalbán. juanitamontalban@hotmail.com

Monday, November 8, 2010

Las enseñanzas del tío Gus

No sé ustedes. Yo llevo muchos años… muchos… tratando de comprender la mentalidad masculina, y nada más no le atino. Tengo padre, hijo, perro, patrón, asistentes, colaboradores, amigos heterosexuales, amigos homosexuales… Y el mundo de la testosterona me sigue pareciendo un misterio. Después de cada fracaso amoroso suelo pedirle a algún hombre en alguna de las categorías anteriores que me explique donde metí la pata, cómo debo comportarme, qué hago, qué dejo de hacer, pero las respuestas suelen ser:

Del amigo gay: "no eres tú es él."

Del amigo buga: "si somos de lo más simples…"

Del patrón: "a los hombres no les gustan las mujeres fuertes, independientes, inteligentes, agresivas, liberadas, liberales, libertinas… Claro que no a mi…"

Del exnovio: "mi chava sale de México esta semana. Mejor nos tomamos un trago y ahí lo platicamos."

De mi padre: "es que los hombres mijita, somos unos pendejos."


Ninguna de las respuestas anteriores me ha servido para comprender la psicología masculina, mucho menos para saber qué hago y qué dejo de hacer con Ellos. Los Ellos pueden ser terribles, machines o pendejos, como ellos mismos se describen, pero Yo los encuentro encantadores y fascinantes. Mi problema, claro, es fascinarles a ellos también. ¿Han leído esos libros de las mujeres que huyen con los lobos, y los de Marte y las de Venus, y porque los hombres aman a las cabronas? Yo no. Los he visto en Samborn’s, pero me dan tanto miedo como poner un anuncio en match punto com y asumir mis fracasos amorosos.

Por suerte, para mi ventaja y mi sabiduría, recientemente conocí al Tío Gus. El Tío Gus es buga (heterosexual), casadísimo, con hijos, cuarenta y cinco años de experiencia en el tema y sin pelos en la lengua. El Tío Gus, dispuesto a compartir los secretos de su logia, me dio una sorprendente perspectiva de la psicología masculina sin afán de decirme lo que creía que yo quería escuchar. Por primera vez me habló derecho de las pendejadas que yo hago (y que a veces, hacemos todas.)

Decido compartir las enseñanzas del Tío Gus porque me parecieron de gran utilidad, de GRAN utilidad. Y si han estado preguntando (y preguntándose) al igual que yo ¿qué pasa? sin recibir una respuesta satisfactoria, tal vez este manual de la conducta masculina les sirva de algo.


LECCIÓN 1

Para poner las cosas en contexto, su servidora, Juanita Montalbán, 40 años, hijo en la primaria, con trabajo, carrera y todo eso que las mujeres contemporáneas creemos que debemos ser, acababa de terminar con su novio. Segundo intento con un tío de 55, muy serio, muy conservador, de trabajo estable, casa estable e, increíblemente, cuenta de banco estable. El caballero en cuestión, a quien denominaremos el Panista, en el interín entre yo y yo, estuvo un par de años con una chica 25 años menor que él. Y lo mandaron al carajo, entre otras razones, porque la muchachita en cuestión no quería lidiar con sus hijos cinco años menores que ella.

El reencuentro entre nosotros se dio porque el Panista necesitaba un hombro de vieja sobre el cual llorar después de que lo mandaron a la mierda. Me pidió el mío, y se lo presté con toda la intención que también me pidiera el resto del cuerpo y, con el tiempo, mi amor y devoción. El cuerpo de hecho sí me lo pidió. Pero en cuanto acabó de llorar, a la vieja se le salió lo vieja y el Panista, que fue abandonado cruelmente por la chica de 30, siguió buscando otros culitos de 30 para pedirles hombro, cuerpo y devoción.

Desesperada, con lágrimas en los ojos y dos tequilas en el cuerpo, acudí al Tío Gus en busca de algún consuelo:

- No entiendo - y el tío Gus me responde:

- ¿Qué no entiendes?

- Qué chingaos tiene que estar haciendo con una escuincla…

- Si yo me separara de mi mujer Juana, lo cual no está en mis planes, también me pondría a buscar a alguien de 30.

- No jodas, Gus.

- ¿Pero que estás loca? Tienen la piel más firme que tú, y no les cuelgan los brazos.

- Oye, a mí no me cuelgan los brazos, y uso un brasier que me amarra bien las tetas (que después de amamantar están listas para darles la temperatura del piso.)

- Sí, ya me había dado cuenta.

- Que malo eres… Lo van a volver a mandar por un tubo otra vez, con todo e hijos.

- Tal vez, negra. Pero tú no te puedes enganchar ahí…

- ¿Ahí en donde? ¿En su andropausia?

- Mira, Juana, para que un tío esté contigo, tiene que verte a través del velo de la subjetividad, ese que hace que te quieran a ti, sólo a ti y a nadie más que a ti. A pesar de las tetas caídas y de los brazos tintineantes…

- ¡Que a mi no me cuelgan los brazos, carajo!…

- Pues cuídalos, que así sigan. Inviertes en Victoria´s Secrets, que igual ayuda, y además te dedicas a comer lechuga con zanahorias cocidas veinticuatro horas al día. Pero sobretodo, bajo ningún motivo sales a la calle sin maquillaje, ni jeans apretados, ni tacones. Olvídate de los pants y de los tenis y de la ropa cómoda.

- Mijo entra a la escuela a las siete.

- Pues igual te emperifollas a las siete aunque te dé flojera. Pero sobretodo, mi querida Juana, no te atrevas a salir de tu casa sin una sonrisa en la boca. Así se te venga el mundo encima, de tu casa sales con los jeans apretados, un par de tacones, los labios pintados y una sonrisa en la boca.


LECCION 2

- Tío Gus, llamó el Panista…

- Y…

- Nada… Llama, me pregunta cómo estoy, cómo está mijo, cómo va el trabajo, cómo están mis padres, cómo está mi perro, si fui al súper y si fui al gimnasio. Le contesto, le pregunto lo mismo, me responde, me espero a que me diga por qué llama, y nada.

- Ah…

- ¿Para qué llama?

- ¡Olvídalo!

- Pero es que me habla cada ocho días… Todos los sábados, a las dos para ser exactos.

- ¡Olvídalo!

- Cuando yo llamo a alguien, es por algo o para algo. Para vernos, para pedirle un favor, para contarle un chisme… ¿Él para qué llama?

- ¡Qué lo olvides, te digo! Llama, para no quedarse con hambre… Mira, Juanita, los hombres somos cazadores. Siempre hemos sido cazadores, desde los Neandertales. Estamos diseñados para cazar… Pero sólo tenemos cinco balas en el rifle, y como es fácil fallarle a una codorniz, no dejas que se vaya la gallina. Por ahí la guardas, y te guardas dos balas. Tu Panista prefiere comer codorniz, pero por si le fallan las balas, no suelta a la gallina.

No me gustó que me compararan con una gallina, pero me quedé pensando cuantas balas podría cargar en su fusil un andropáusico. En teoría no muchas, pero debía reconocer que el panista venía bien equipado.

- Entonces, si lo que quiere es tenerme agarrada de los huevos, mejor no le contesto…

- No. Le contestas. Pero cuelgas. Le respondes muy bonito, muy civilizada, y también muy civilizada lo mandas a la mierda. Le dices que estás esperando otra llamada o que tienes que ir por tu hijo… A ver, ¿quién terminó la llamada?

- Yo, de hecho me estaba esperando mijo…

- Eso no importa… ¿qué a ti no te enseñaron nada sobre los hombres?

- Es que lo que me dice suena como al estereotipo que…

- Neta que quieres cazar mariposas con una pala. Y para cazar mariposas se necesita una red, no una pala. La pala la agitas y les rompes el crisma. La red la tiras y no sabes si atrapas algo, pero algo atrapas. Así que, mi querida Juanita, ponte a tejer la red.


--- Colaboración especial de Juanita Montalbán. juanitamontalban@hotmail.com