He aquí la continuación del post anterior "Pesadilla en la calle de la superación personal".
Un par de meses después del inspirador seminario “Nuevo horizonte”, estaba yo en mi oficina, concentrándome en no distraerme, cuando recibí una extraña llamada.
-Hola Martha. Soy Aerolano Altosvuelos (obviamente, nombre ficticio para proteger su identidad y mi vida).
-¿Aerolano?” ¿Eres de los de cobranza de American Express?
-No, no. ¿No te acuerdas de mi? Soy EL PILOTO.
-¡El piloto! Claro. ¿Cómo has estado?
-Antes de contestar tu pregunta, quiero hacerte otra. ¿Cómo cambió tu vida el seminario que tomamos?
- Hombre, pues así que tú digas, qué bárbaro, qué cambio, pues no. Tal vez ahora cuestiono un poquitín más a la autoridad antes de acabar por obedecer, pero fuera de eso….
-Ese curso cambió mi vida. La CAMBIÓ por completo. La cambió para siempre. Para empezar, me estoy divorciando.
-¿QUÉ? No te lo puedo creer. ¿Te estás divorciando de tu mujer, esa que te gustaba tantísimo? (evité comentar sobre su persistente deseo de copular con ella en público).
-Me di cuenta de que no era para mi. Me di cuenta de que todo fue una pasajera ilusión. Una quimera. Un espejismo. No fue fácil. De hecho, te estoy hablando del ala psiquiátrica del hospital ABC. Tuve un colapso nervioso. Un breakdown, que le llaman. Pero cuando salga, ¿te puedo invitar un café?
Piensa. Piensa. Piensa. Piensa. Eres casada. No. Ya sabe que no. En realidad, eres hombre. Hum. Tienes hongos en los pies. PIENSA. Una excusa. Rápido.
-Ehhh, esteeeee, eeeeee…..
-¡No se diga más! Cuando salga, te llamo. Gracias por escucharme, preciosa. Acabo de comprobar que la conexión que sentí contigo no estaba sólo en mi imaginación.
¿Conexión? ¿Cuál conexión? Cruzamos a lo mucho 10 palabras en el curso, casi siempre cuando él soltaba a su mujer para tomar aire. Y además, una no se siente demasiado inclinada a salir con alguien que le acaba de llamar desde el ala psiquiátrica del hospital ABC, o CDE, o el que sea. Hubiera preferido que me llamara el emo. Es más, hubiera preferido que me llamara el HIJODELAGRANPUTAQUELOVIONACER, que seguro fue quien le dio mi teléfono.
En aquél entonces, una de las cosas que no logré cambiar con el seminario “Nuevo horizonte” (aunque ya voy mejor) fue mi enorme dificultad física y emocional para decir simplemente “no”. Por eso, cuando el piloto llamaba (y llamaba sin tregua ni piedad), yo inventaba millones de razones por las cuales me era VERDADERAMENTE IMPOSIBLE verlo:
“Tengo una uña enterrada y no puedo caminar”.
“Me sacaron las muelas del juicio y estoy deforme”.
“Tuve un brote espontáneo de sarna tropical”.
“Me atacó la conjuntivitis aguda”.
“Insolación”. “Herpes”. “Fiebre aviar”. “Dengue hemorrágico”. “Insuficiencia renal”.
Ya casi se me estaban acabando los pretextos, cuando tuve la suerte de tener uno de verdad:
-Martha, habla Aerolano. ¿Estás mejor de tu acné post juvenil? ¿Ya te atreves a salir a la calle?
-Sí. La dermatóloga no sabe ni qué fué lo que pasó, pero ya con los peelings y las lociones voy mucho mejor.
-Entonces….¿vienes a cenar conmigo mañana?
-“Aerolano, ahora sí que no me lo vas a creer, pero me voy a Oaxaca a una boda”.
-¿A Oaxaca? Es bellísimo. ¿Ya has ido?
- No, es la primera vez.
-¿Y en qué vuelo te vas?
(Por qué razón no presentí los acontecimientos subsecuentes en ese preciso momento, nunca lo entenderé)
-No sé. Mi amiga Adriana, la que tomó el curso conmigo, fue la que compró los boletos. Nada más sé que salimos muy temprano.
-Ahhh, me acuerdo muy bien de Adrianita. Salúdamela mucho y disfruten Oaxaca. Te llamo la semana que viene.
-¿Pooor?
-Hasta entonces.
Al día siguiente, muy temprano en la madrugada, estabamos Adriana y yo en la sala de espera del aeropuerto, entregadas a lecturas profundas (Vanidades y Cosmopolitan), cuando mi amiga levantó la vista y con voz entrecortada me dijo:
-Martha…..el piloto….el piloto.
_¿Cuál de todos?
-Mensa….TU piloto. Viene derechito para acá.
-NOOOOOOOOOOOOOOO. Bueno, calma, después de todo es piloto. Es lógico que esté en el aeropuerto, ¿no? No me digas que es el piloto de nuestro avión. No, no puede ser, sería verdaderamente….
-“Hola Martha…Adriana…buenos días”.
Trémulamente, contesté:
-Buenos días, Aerolano. Qué casualidad ¿verdad? ¿VERDAD?
Adriana se sumergió en el cosmopolitan y me abandonó a mi suerte. Le pregunté al señor Altosvuelos a dónde se dirigía y con terror escuché las palabras: “A Oaxaca, linda”.
-¿Eres el piloto de nuestro avión?
-No. Vengo de pasajero.
-¿Y el atuendo? ¿Por qué vienes vestido de piloto?
-Eh…eh…es que así me puedo subir gratis ¿Quieren un café?
¿Un café? ¿Quería un tequila, un valium, una pistola. Quería que apareciera su ex mujer y les diera por copular en público otra vez. Quería que lo viera su supervisor y le dijera que el piloto González había faltado y lo tenían que mandar a Kuala Lumpur.
Quería todo menos que este personaje se nos pegara y pretendiera ir a turistear y luego a la boda de mis amigos. Quería preguntarle al HIJODELAGRANPUTAQUELOVIONACER que de dónde demonios había conseguido este hombre mi teléfono.
Mientras Aerolano, muy amablemente hay que admitir, fue por nuestros cafés, Adriana me advirtió que tendríamos que escapar del piloto a como diera lugar, porque si se nos unía, ella iba a emprender la graciosa huída. Yo le dije “Pero pobrecito” y ella replicó “Pobrecito ni madres. Es un acosador profesional. Ahora que si te da tanta lástima, paséalo tú”. “No, no, no, tienes razón. Acosador profesional. Asesino serial en potencia. Y además, es idéntico a Droopy”.
Al abordar, Aerolano, muy en su papel de pilotopasajero, saludaba a todos fila por fila, tocando ligeramente su gorro con la mano, a modo militar, y diciendo:
“Buen vuelo…buen vuelo….buen vuelo…buen vuelo”.
Adriana, la reencarnación de Nostradamus, se volteó y le dijo a la señora sentada junto a mi:
-Señora, en breves momentos aparecerá un piloto pidiéndole cambiar su asiento con el de él. POR NINGÚN MOTIVO Y BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA SE CAMBIE DE LUGAR”.
La señora, apenada, dijo tímidamente:
-Pero…¿qué le digo?
-Lo que sea. Lo que sea.
Dicho y hecho, instantes después:
-Señora, si me permite, conozco a estas señoritas y me gustaría sentarme junto a ellas.
La señora, en un arrebato de genialidad, le dijo que estaba muy apenada pero que era extremadamente supersticiosa y que jamás se movía del asiento que le había tocado. Aerolano tocó su gorro, se despidió con otro “buen vuelo” y se fue a la última fila.
Durante el trayecto nos dedicamos a planear cómo ibamos a brincar de la fila 16 a la 1, salir corriendo, atacar la banda de equipajes y volar hacia la salida. Con todo y todo, yo me estaba sintiendo muy apenada con Aerolano pero no podía dejar de pensar en las 10,000 formas de perderlo en el aeropuerto de Oaxaca.
Aterrizamos. Brincamos. Corrimos. Corrimos más. Agarramos las maletas. No eran nuestras. Las devolvimos. Ahora sí, estas son. Corrimos. Corrimos más. ¿Sus comprobantes de equipaje? Dónde están los comprobantes? Los tienes tú. No. Los tienes tú. ¿COÑO,DÓNDE ESTÁN? Aquí están. Taxiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Nos dio tiempo de ver a Aerolano waving goodbye y gritando “¿En qué hotel estáaaaaaan?
Lo peor del caso es que me tardé horas en sacudirme la culpa que me dio. ¿Lo invite? No. ¿Entonces? ¿Por qué me sentía como Cruela de Vil, como la madrastra de la cenicienta, como Catalina Creel? Me imaginaba a Aerolano, con aquél calorón, enfundado en su flamante uniforme de piloto, sentadito en una pirámide, buscando el teléfono del ABC.
Nunca volví a verlo. Me llamó una última vez para decirme que Adriana era una bruja (jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja) y que estaba seguro de que, de no haber estado ella, hoy seríamos muy felices.
Colgando con él, me inscribí al fructífero curso “Aprenda a decir que no sin culpa”. Después de todo, una tiene que seguir en este camino de la superación personal, ¿o no?
--- por Martha Soler @cholechita @estrogeno3
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Monday, May 2, 2011
Wednesday, April 20, 2011
Pesadilla en la calle de la superación personal
No sé en qué momento me dejé convencer, pero ahí estaba yo, en medio de una multitud de personas que compartían el ardiente deseo de encontrarse a sí mismas en las siguientes 48 horas.
Nuestro moderador, experto en terapia gestalt y un verdadero hijodelagranputaquelovionacer, nos saludó y nos dio la bienvenida al taller vivencial “El Nuevo Horizonte”, tan profundo y efectivo que equivalía a meter 2 años de psicoanálisis en un intenso pero fructífero fin de semana.
Nada más para empezar, nos hizo contestar una hojita con varias preguntas de opción múltiple, bastante sencillas. Tenía algunas como “¿Qué tanto le importa lo que digan los demás de usted?
A.Muchísimo
B. Mucho
C. Algo
D. Poco
E. Me vale madres”.
Por supuesto que muchísimo. Ni que fuera una de palo. Como si no fuera yo piscis. Claro que muchísimo, respondía yo, confiando en que mi honestidad y total transparencia me llevarían muy pronto a cruzar la línea del ansiado horizonte hacia la autoestima total.
Entregamos diligentemente nuestras hojitas y para mi sorpresa, el moderador preguntó:
“¿Quién demonios es Martha Soler?”.
(Pausa para efectos dramáticos).
¡Demonios, dijo demonios! Quizá hubiera pensado que me quería felicitar por mis respuestas, tan acertadas como introspectivas, si no hubiera sido por el “demonios”. ¿Por qué demonios dijo demonios? ¿Qué demonios estaba mal con mis respuestas? Si se trataba de subir mi autoestima, esto no estaba funcionando.
Timidamente, contesté “¿Pooooorrrr?”.
“Qué barbaridad”, replicó él. En mis 35 años dando este taller nunca me había encontrado con un caso tan patético como el tuyo.
Miré a mi alrededor. Junto a mi se mecía repetitivamente una mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal. También estaba un hombre tratando de hacer que su amigo imaginario guardara silencio, un piloto de avión que estaba a unos instantes de copular apasionadamente con su mujer, una jovencita que se arrancaba metódicamente las pocas pestañas que le quedaban, un emo que se cortaba con una navaja suiza y una señora que directamente se sacaba los mocos enfrente de todos.
Me animé a defenderme. “¿No será que mis compañeros no contestaron el cuestionario con entera claridad mental? Digo, porque mucho más normales que yo no se ven”.
Mi terapeuta y yo empezamos con el pie izquierdo, hundido en una enorme pila de estiércol…sin zapato. Y ya ni hablar de mis compañeros, que injustamente se sintieron ofendidos cuando sin afán de herir suceptibilidades puntualicé algo que resultaba obvio:
Everybody had flown over the cuckoo´s nest.
Inmediatamente empezaron las actividades. Primero, nos entregamos a la tarea de golpear fuertemente una almohada mientras proferíamos maldiciones contra todos aquellos que nos habían hecho daño en el pasado. Yo, que soy bastante tranquila, encontré algo difícil la labor de dejarme llevar por la violencia y no pude sacarle ni una pluma al cojín, como los demás (sobre todo el emo, que usó su navaja suiza).
El moderador no perdió oportunidad de hacer notar que así no iba yo a lograr la liberación del rencor correspondiente.
“Vamos, con fuerza. Pégale, saca el coraje, esas parecen caricias pusilánimes, más que golpes”.
Otra vez, tímidamente, comenté:
“¿Pero y la almohada qué culpa tiene? Mire nada más el reguero de plumas que ya se hizo. Y by the way, la Sra. González se está comiendo la funda”.
Otro evento interesante fue el siguiente:
Se trataba de mostrar nuestra resistencia, siguiendo al pie de la letra todas las órdenes que nos diera el moderador (hijodelagranputaquelovionacer). Obviamente, nerd como siempre he sido, quise demostrar lo aplicada que puedo ponerme en la realización de una tarea grupal. Las instrucciones giraban en torno a arrastrarse por el piso, salir y correr 10 vueltas alrededor de la cuadra, brincar por la ventana, pintarte la cara con un plumón indeleble, etc.
Poco a poco, mis compañeritos fueron abortando la misión, menos por supuesto, yours truly. Orgullosísima seguía las instrucciones cuál borrego incansable, segura de ganar ese reto.
Ya agotado, el cabrón del moderador me vio con una mezcla de desagrado y lástima y me dijo:
“Siéntate, Soler. Una vez más, patética sin límites. Este ejercicio se trata de hacernos ver que seguir órdenes sin cuestionar a la autoridad es totalmente imbécil”.
Coño. Era un ejercicio capcioso. Mi voluntad y resistencia no solo no fue agradecida, sino que volvió a dar ocasión para mi humillación y flagelo público.
Para no hacerles el cuento demasiado largo, pasamos por gran cantidad de técnicas, desde las afirmaciónes, el cambio del debo al quiero, el abrazo grupal, la meditación y los cantos, el ejercicio de mirarnos al espejo, la visualización creativa y la adopción del nuevo mantra : Me siento mejor, mejor, y cada vez MEJOR (gritado in crescendo, muy importante).
Llegó un momento en el que el único horizonte que yo quería ver era el fin del fin de semana. ¿Pero saben por qué me di cuenta de que este intenso taller viviencial funcionó?
Porque al final de las 48 horas dejó de importarme lo que pensara
la mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal, el hombre con todo y su amigo imaginario, el piloto de avión que que nunca abandonó el intento de copular apasionadamente con su mujer, su mujer, la jovencita a la que ya habíamos apodado la ”sin pestañas”, el emo ensangrentado, la señora de los mocos, pero sobre todo, sobre todo, dejó de importarme la opinión del HIJODELAGRANPUTAQUELOVIONACER.
Realmente, creo que es un genio.
No se pierdan la continuación de este melodrama (sí, esta historia tiene secuelas) la próxima semana. Se llamará “¿Cómo hacer aterrizar al piloto o corre por tu vida”.
--- por Martha Soler @cholechita @estrogeno3
Nuestro moderador, experto en terapia gestalt y un verdadero hijodelagranputaquelovionacer, nos saludó y nos dio la bienvenida al taller vivencial “El Nuevo Horizonte”, tan profundo y efectivo que equivalía a meter 2 años de psicoanálisis en un intenso pero fructífero fin de semana.
Nada más para empezar, nos hizo contestar una hojita con varias preguntas de opción múltiple, bastante sencillas. Tenía algunas como “¿Qué tanto le importa lo que digan los demás de usted?
A.Muchísimo
B. Mucho
C. Algo
D. Poco
E. Me vale madres”.
Por supuesto que muchísimo. Ni que fuera una de palo. Como si no fuera yo piscis. Claro que muchísimo, respondía yo, confiando en que mi honestidad y total transparencia me llevarían muy pronto a cruzar la línea del ansiado horizonte hacia la autoestima total.
Entregamos diligentemente nuestras hojitas y para mi sorpresa, el moderador preguntó:
“¿Quién demonios es Martha Soler?”.
(Pausa para efectos dramáticos).
¡Demonios, dijo demonios! Quizá hubiera pensado que me quería felicitar por mis respuestas, tan acertadas como introspectivas, si no hubiera sido por el “demonios”. ¿Por qué demonios dijo demonios? ¿Qué demonios estaba mal con mis respuestas? Si se trataba de subir mi autoestima, esto no estaba funcionando.
Timidamente, contesté “¿Pooooorrrr?”.
“Qué barbaridad”, replicó él. En mis 35 años dando este taller nunca me había encontrado con un caso tan patético como el tuyo.
Miré a mi alrededor. Junto a mi se mecía repetitivamente una mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal. También estaba un hombre tratando de hacer que su amigo imaginario guardara silencio, un piloto de avión que estaba a unos instantes de copular apasionadamente con su mujer, una jovencita que se arrancaba metódicamente las pocas pestañas que le quedaban, un emo que se cortaba con una navaja suiza y una señora que directamente se sacaba los mocos enfrente de todos.
Me animé a defenderme. “¿No será que mis compañeros no contestaron el cuestionario con entera claridad mental? Digo, porque mucho más normales que yo no se ven”.
Mi terapeuta y yo empezamos con el pie izquierdo, hundido en una enorme pila de estiércol…sin zapato. Y ya ni hablar de mis compañeros, que injustamente se sintieron ofendidos cuando sin afán de herir suceptibilidades puntualicé algo que resultaba obvio:
Everybody had flown over the cuckoo´s nest.
Inmediatamente empezaron las actividades. Primero, nos entregamos a la tarea de golpear fuertemente una almohada mientras proferíamos maldiciones contra todos aquellos que nos habían hecho daño en el pasado. Yo, que soy bastante tranquila, encontré algo difícil la labor de dejarme llevar por la violencia y no pude sacarle ni una pluma al cojín, como los demás (sobre todo el emo, que usó su navaja suiza).
El moderador no perdió oportunidad de hacer notar que así no iba yo a lograr la liberación del rencor correspondiente.
“Vamos, con fuerza. Pégale, saca el coraje, esas parecen caricias pusilánimes, más que golpes”.
Otra vez, tímidamente, comenté:
“¿Pero y la almohada qué culpa tiene? Mire nada más el reguero de plumas que ya se hizo. Y by the way, la Sra. González se está comiendo la funda”.
Otro evento interesante fue el siguiente:
Se trataba de mostrar nuestra resistencia, siguiendo al pie de la letra todas las órdenes que nos diera el moderador (hijodelagranputaquelovionacer). Obviamente, nerd como siempre he sido, quise demostrar lo aplicada que puedo ponerme en la realización de una tarea grupal. Las instrucciones giraban en torno a arrastrarse por el piso, salir y correr 10 vueltas alrededor de la cuadra, brincar por la ventana, pintarte la cara con un plumón indeleble, etc.
Poco a poco, mis compañeritos fueron abortando la misión, menos por supuesto, yours truly. Orgullosísima seguía las instrucciones cuál borrego incansable, segura de ganar ese reto.
Ya agotado, el cabrón del moderador me vio con una mezcla de desagrado y lástima y me dijo:
“Siéntate, Soler. Una vez más, patética sin límites. Este ejercicio se trata de hacernos ver que seguir órdenes sin cuestionar a la autoridad es totalmente imbécil”.
Coño. Era un ejercicio capcioso. Mi voluntad y resistencia no solo no fue agradecida, sino que volvió a dar ocasión para mi humillación y flagelo público.
Para no hacerles el cuento demasiado largo, pasamos por gran cantidad de técnicas, desde las afirmaciónes, el cambio del debo al quiero, el abrazo grupal, la meditación y los cantos, el ejercicio de mirarnos al espejo, la visualización creativa y la adopción del nuevo mantra : Me siento mejor, mejor, y cada vez MEJOR (gritado in crescendo, muy importante).
Llegó un momento en el que el único horizonte que yo quería ver era el fin del fin de semana. ¿Pero saben por qué me di cuenta de que este intenso taller viviencial funcionó?
Porque al final de las 48 horas dejó de importarme lo que pensara
la mujer que se abrazaba casi hasta alcanzar la posición fetal, el hombre con todo y su amigo imaginario, el piloto de avión que que nunca abandonó el intento de copular apasionadamente con su mujer, su mujer, la jovencita a la que ya habíamos apodado la ”sin pestañas”, el emo ensangrentado, la señora de los mocos, pero sobre todo, sobre todo, dejó de importarme la opinión del HIJODELAGRANPUTAQUELOVIONACER.
Realmente, creo que es un genio.
No se pierdan la continuación de este melodrama (sí, esta historia tiene secuelas) la próxima semana. Se llamará “¿Cómo hacer aterrizar al piloto o corre por tu vida”.
--- por Martha Soler @cholechita @estrogeno3
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