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Sunday, August 22, 2010

A calzón quitado

No están ustedes para saberlo ni mucho menos yo para contarlo, pero el otro día tuve la necesidad imperiosa de ir en busca de ropa interior.

Y yo me pregunto:

¿Qué pasa en este país con la oferta de prendas íntimas? Por favor, que alguien me explique. Si no tienes la fortuna de ser talla 0 a 2, es prácticamente imposible conseguir algo que no te haga ver o como embutido toluqueño o como un enorme bebé envuelto en un pañal gigante.





Primero, está la sección que yo he bautizado como “Quiero guerra” . Aquí no existe el concepto de calzones normales. En su lugar, hay una gran variedad de pequeñísimos hilitos que una debe colocarse con gran maestría. El problema es que, por más intentos de visualización creativa que hice, nomás no me hallé con la idea de usar en el derriere algo que me quedaría mucho mejor como pañuelito, o como diadema.

En la sección de guerra abunda el encaje, las plumas, los ligueros, los estampados de leopardo y no venden látigos porque ya sería too much.




Discretamente, me pasé a la siguiente sección, a la que deberían ponerle “No importa porque nadie nunca, nunca, nunca me va a ver”. Aquí, la palabra operativa es “soporte”. En esta área, todo calzón te llega por lo menos 4 dedos arriba del ombligo, para contener la molesta pancita. Lo incómodo del asunto es que el calzón choca con el brassiere, dando la impresión de que te pusiste un traje de baño completo. El material más común es el spandex, que si bien logra un hermoso modelado de la figura, corta la respiración y necesita ser retirado con tijeras (cosa que sospecho sería un terrible mood killer).


Desesperada, le pregunté a la señorita:

-“¿Oiga, tiene algo para una mujer, digamos, normal?”

Se me quedó viendo con una expresión vacía.

Insistí.

-“Sí. Algo in between estas dos prendas, por ejemplo …..”.


-“Hum…este…hum….esteeeeeee”.

Me lleva Judas Iscariote. ¿Cómo puede ser tan complicado adquirir un calzón que no necesiten encontrar con una radiografía, o uno que no te recuerde el ropero de la abuelita?

Yo estoy segura de que el secreto de Victoria es que ella personalmente no usa g-stings. No todas nos vemos sexy´s cuando nuestra anatomía se desborda de nuestro calzón peor que río en temporada de huracán. Pero eso tampoco quiere decir que nos tengamos que conseguir una tienda de campaña.

Claro que tras varios tanques de gasolina y una exhaustiva búsqueda, encontré algo indecentemente decente. Pero el punto es que no debería ser tan difícil, sobre todo en un país en donde el promedio de la mujer no es talla 0 a 2, ni tiene de 80 a 100 años. Así que si alguna de ustedes, mis queridas lectoras (o lectores, ¿por qué no?) estaba pensando en una buena idea para emprender un negocio, pónganse en contacto conmigo a ver si podemos lanzar “Martha´s secret” aquí en México. Estoy segura de que sería un éxito total.