
Durante algunos meses del año pasado estuve recopilando datos sobre ciertos museos, calles, edificios y otros espacios de esta grandiosa y caótica Ciudad de México que no conocía o que tenía tantos años de haber estado ahí, que ni mi memoria se acordaba. Mis ganas de viajar por el D.F. y convertirme en la viajera más entusiasta fueron creciendo conforme aumentaba también mi listita de lugares visitables. Casualidad o no, la mayoría de esos espacios estaban ubicados en el Primer Cuadro de la Ciudad. El próximo destino viajero estaba decidido. Nos iríamos de viaje al Centro Histórico. ¡Eeeeee!
La emoción comenzó desde ese momento, saber que viajaríamos dentro de la ciudad le puso más ondita. Y esta extraña y mágica sensación se quedó en mí, antes, durante y varios días después del viajecito. Que tu casa está a pocos kilómetros, pero que no dormirás ahí. Que estás en un hotel. Que te conviertes en viajero y extranjero para los lugareños. Que estás ahí para conocer & disfrutar. Que estás de vacaciones, pues. Y que hay muchísimo por descubrir.
Después de una breve y divertida búsqueda de hoteles por internet, encontré el que nos latió:
El Boutique Hotel de Cortés – www.boutiquehoteldecortes.com (he puesto una foto tomada de noche de la fachada del hotel).
Además de chulo, bien ubicado, cuartos lindos y cómodos, encontré una tarifa buenísima que hasta desayuno de lujo incluía. Con reservación en mano, el ansiado viaje estaba listo. Sólo había que esperar a que el calendario nos trajera el día a la puerta. Bendito tiempo. Un buen día llegó el día. Era viernes de puente. Muy contenta salí de mi casa, sólo con las maletas y las llaves del coche. Ni boletos, ni pagos en casetas, ni credencial del IFE y mucho menos pasaporte eran necesarios. Sólo la reservación y los datos del hotel.
En el trayecto, una sola escala antes del destino final, la oficina de mi chaparrito. Y unos 40-50 minutos después… taraaán, llegamos a nuestra morada temporal que muy cortésmente nos acogió hasta el lunes siguiente. Oficialmente, la vacación se había inaugurado exitosamente. ¡Eeeeee!
El coche no lo volvimos a ver hasta el triste día de la partida. Todo fue a patita, en Metro y un taxi. ¿Habrá de otra? Supongo que sí, pero no se me antojaría. Al Centro hay que pisarlo (con albur jaja). Ya estando allá, me cayó el veinte que 3 días en el Centro es mucho y poco. Mucho, por todo lo que acabas conociendo; pero también, mucho por todo lo que te hace sentir, de entrada, querer regresar pronto. Poco, pues apenitas alcanza para visitar algunos museos; caminar por ciertas calles principales y con suerte, descubrir una que otra callecita tímida de por ahí; comer delicias en algunos de los más emblemáticos restaurantes de la zona; encontrar por puro azar maravillosas exposiciones temporales al aire libre, que piden ser descubiertas; fotografiar lo que se te antoje: lo bonito, lo extraño, lo monumental, lo feo, lo nuevo, lo chistoso, lo viejo, en fin, todo. Y gastarte los ojos observando todo lo que se pueda o se deje, ya sea mientras caminas o sentad@ en alguna placita o de plano en el piso, si no hay complejo alguno.
Como pequeña muestra de lo que puede disfrutarse el Centro en 72 horas, les comparto nuestras andanzas:
Museo Franz Mayer - www.franzmayer.org.mx
Nada más por ver y recorrer el edificio, vale la pena. La visita guiada -duración aproximada 2 horas y muy barata- también lo vale. Si acaban amando este lugar, pregunten por la membresía individual y podrán disfrutar de todas las actividades que el museo realiza, durante todo un año. Gran regalo.
Show de luz y sonido en el zócalo
Descripción aburrida: proyección de luz y sonido sobre Palacio Nacional. Evento gratuito.
Pero me gusta más decir que es orgasmo visual de 25 minutos. Hasta donde sé, el show no está disponible por el momento, posiblemente regrese como parte de los festejos del Bicentenario y Centenario del inicio de Independencia y Revolución, respectivamente. Crucemos dedos. De ser así, a ponerse buzos: reservar mesa en alguna terraza de hotel, con vista a Palacio Nacional; pero si el presupuesto o el gentío no lo permiten, el mirador de la Torre Latino es otra muy buena opción. Bara bara y poco concurrida.
Museo Interactivo de Economía (MIDE) – www.mide.org.mx
Hay que ir si se quiere entender un poquito más de economía y mercados. Es un museo ideal para chavit@s y púberes, pues varios juegos son interactivos. El Simulador de Mercado, divertido e ilustrativo.
La Lagunilla – para no complicarnos, agarramos taxi y llegamos de volada. Tendré que regresar y regresar para practicar el regateo, pues en ese mercado infinito, nada como dominar ese lenguaje para obtener más con menos. Mis ojitos quedaron extasiados. Un verdadero deleite para los ojos; para donde miren, descubrirán cientos y cientos de objetos, ropa, muebles y cosas de todos tamaños, colores, formas y materiales.
Y próximamente les relataré sobre El Museo del Estanquillo, Pasaje Patronal Regina, el Palacio de Bellas Artes y mucho más.
--- por Irma López de Rivera (la Chapis)