25 mayo 2011
Una mujer excepcional
Hoy es el aniversario luctuoso número 19 de mi madre, una mujer cómo
pocas; con gusto impecable, elegante, inteligente, sensible, activista social,
cínica… todo.
Hoy siento la necesidad de celebrar su vida, de recordarla cómo creo que a
ella le gustaría ser recordada.
Silvia Piatok. Una sobreviviente del Holocausto, una sobreviviente punto.
Para mi mamá era muy importante que supiéramos su historia y la historia de
la familia, me contaba que ellos no sabían que eran judíos hasta que llegó
Hitler a recordárselos. Recuerdo que desde los 8 años yo veía películas y
documentales del Holocausto, obligada por ella, hoy no me parece taaan
buena idea, pero ella siempre decía, que no podíamos olvidar lo que pasó
nuestra familia, que debíamos perdonar, pero nunca olvidar.
Nos contaba millones de historias, nos contó que de churro los mandaron a
Siberia, de churro, por que era Siberia en vez de Auschwitz.
No había nada en el mundo que mi mamá disfrutara tanto cómo comer, decía
que había que aprovechar la comida mientras hubiera. Contaba historias de
su juventud, cómo “sólo tenía una falda azul marino y una blusita blanca
monísima” para salir, y que se veía “DI-VI-NA”. Fue socialista hasta que
descubrió que el Capitalismo era mucho más cómodo. Se sentía Aristócrata,
decía que ella era de Varsovia, el ombligo del universo.
Amaba ir al Palacio de Hierro y se refería a Liverpool cómo “El Puerto de
Liverpool”.
Tenía una ética laboral inquebrantable.
Se enfermó de cáncer a los 52 años, se dio cuenta de que estaba enferma
cuando ya estaba muy avanzado su cáncer de riñón. Se quejaba de dolores
en la espalda baja, pero lo atribuía al pobre soporte lumbar de su silla en el
trabajo, me decía que iba a hablar con su jefe para que le cambiaran su silla.
El día que le dijeron que estaba enferma ella nos dio ánimos a nosotros, nos
dijo que le iban a quitar el riñón y que todo iba a estar bien. Tuvo 12
quimioterapias de caballo, ella siempre con una sonrisa. Era tan sociable que
se hizo amiga de todos los pacientes de cáncer del Hospital Inglés, platicaba
con ellos mientras estaban todos en la quimio.
Un día me dijo que alguien le comentó que la mota era buena para las
secuelas de la quimio, un día fumamos juntas y creo que nunca me he
divertido tanto cómo esa vez.
Creo que lo más difícil era ver cómo se diluía mes con mes, se veía tan
chiquita, con su mascada en la cabeza, siempre elegante, hasta el último día.
La última vez que la vi, hizo un “thumbs up”. Esa es la esencia de mi mamá,
un thumbs up, un positivismo casi molesto, un “al mal tiempo, buena cara”
perene.
Mi mamá y yo tenemos muchas en común, la que más me duele es que ella
también perdió a su mamá a los 20 años.
Han pasado 19 años y no hay día en que no la extrañe y la necesite. Dicen
que el tiempo cura las heridas, para mi el tiempo que ha pasado me permite
funcionar, pero hace más evidente la ausencia. Todos los momentos felices
se vuelven agridulces porque no los puedo compartir con ella.
Sé que está feliz dónde quiera que esté, seguro rodeada de gente
maravillosa cómo ella.
--- por Amy Kegan @AmyKegan